
Muchos repiten hasta la saciedad y para quien quiera escucharlo que la belleza está en el interior, pero luego demuestran tener la misma profundidad que un manojo de acelgas. ¿De verdad nos preocupa nuestro interior en la misma medida que estar requetebuenos? La respuesta no os va a gustar...
Debido a las respuestas y reacciones al artículo de la semana pasada, "Palotismo garantizado", me veo en la obligación de retomar el tema sobre la belleza y la importancia del físico, ya que parece que necesitamos aclararnos las ideas.
A mí me encanta, y me encanta mucho, porque a todo el mundo se le llena la boca diciendo que la belleza está en el interior, pero muy pocos parecen ser realmente conscientes de lo que significa esta frase.
Yo nunca he creído que la belleza estuviera únicamente en el interior. Desde luego, me parece hipócrita afirmar que el físico no es atractivo. El exterior tiene su parte de importancia en el conjunto de cada persona. Como dicen por ahí, es evidente que lo primero que recibimos de cualquiera es lo que entra por el ojo: el físico. Y si el tipo en cuestión nos llama la atención físicamente es más que probable que nos interesemos por conocerlo más allá. El exterior es un envoltorio sugerente, un reclamo, que tiene su parte de importancia y a todos nos da placer mirar a la gente guapa porque vivimos en una cultura visual.
Pero, por supuesto, no todo es exterior. Como bien han dicho algunos comentaristas en el artículo anterior, el exterior cambia, aburre, se acaba marchitando. El primer bocado se da con los ojos, pero nadie se sacia con el primer bocado. Y estoy seguro de que la gran mayoría de mis lectores están ahora mismo asintiendo con la cabeza, dándome la razón: el físico no lo es todo, sólo una parte. Y, desde luego, la parte que más enamora a la larga está dentro de nosotros.
Sin embargo, a pesar de que Walt Disney nos haya enseñado a repetir la frasecita de marras (la belleza está en el interior) como fórmula de presentación social pretendidamente profunda para lavarnos la conciencia, lo cierto es que en el mundo real no se actúa en consecuencia a este axioma. Sin ir más lejos, yo conozco a infinidad de personas que están muy preocupadas por su físico y que se obsesionan tremendamente en cuanto llega el verano con la idea de tener un cuerpo diez. Sin embargo, conozco a muy pocas que tengan inquietudes y que se pongan a estudiar o que lean asiduamente o se interesen por otras manifestaciones culturales para cultivar su interior. Hoy en día casi todo el mundo tiene el carné del gimnasio a mano, pero ni siquiera se plantea hacerse el de la red de bibliotecas públicas o gastarse la cuota del gimnasio de un mes en libros o en entradas para el cine o el teatro. Estar guapo es mucho más importante que culturizarse y que enterarse de lo que pasa en el mundo. Lo físico, claramente, gana sobre lo psíquico, lo cultural y lo intelectual. Que no me cuenten historias los que me dicen que debe haber un equilibrio, cuando ese equilibrio brilla por su ausencia.
Pero no se vayan todavía; aún hay más. En los tiempos que corren tener algo de barriga es vergonzoso, casi todo el mundo lo desprecia, se podría decir que supone casi un atentado visual (sobre todo para esa panda de vigoréxicos que las miran horrorizados); y, sin embargo, a nadie se le cae la cara de vergüenza cuando se pone a escribir y comete doce faltas de ortografía por cada quince palabras. Pero no faltas de no poner una tilde (que, me van a perdonar, pero para mí esas rayitas encima de las vocales también son muy importantes), sino faltas enormes del palo de poner b en lugar de v o de escribir una hache donde no se debe. O sea, que yo me gasto el dinero en tener unos abdominales que lo flipas, pero lo de hacerme un curso de ortografía y gramática, para saber dónde poner las comas y, de paso, construir una oración subordinada de vez en cuando, como que no, no me compensa. Lo que me compensa es estar más bueno que el pan. Y todavía estas personas vienen a soltarme el discursito de que ellos creen que la belleza está en el interior y de que odian los tipos superficiales, que a ellos lo que les va es que sean cultos, sensibles e inteligentes. Y a mí que hagan burbujas con el coño.
Y, por supuesto, si la belleza, la verdadera belleza está en el interior, ¿por qué cuando conoces a Menganito lo que más te importa es que esté como un queso? ¿Y por qué lo que más te interesa es que Meganito se dé cuenta de que tú también estás como un queso? Puesto que la belleza está en el interior, ¿por qué no le cuentas a Menganito cosas como sentimientos, emociones, pensamientos y opiniones para que también vea que eres guapo por dentro? ¿Y por qué no llamas a Menganito para tomar un café después de follártelo y echaros unas risas conversando alegremente? ¿Y por qué no mantienes charlas profundas con Menganito? ¿No será que su interior y hasta tu interior te importan un comino?
Eso por no hablar de valores como la coherencia, la empatía o la comprensión, que a pesar de tanto músculo y tanta teta operada, ni están de moda ni se prodigan. Que sí, que aquí la presión social se centra en que tienes que estar más bueno que el pan, que debes operarte la nariz y hacerte dos horas de máquinas para luego salir a lucir palmito, pero en absoluto se plantea que deberíamos trabajarnos más desde el interior, conocernos a nosotros mismos para no llevarnos a los demás por delante tomando malas decisiones (y luego utilizar la tan traída y llevada excusa de “es que no sé lo que quiero”. Pues haberte preocupado por saberlo, joder, que tampoco es tan complicado), respetar a nuestros semejantes y no tratarlos como meros objetos para conseguir nuestros objetivos, construir relaciones de amistad y de pareja fuertes y sanas y no andarnos con gilipolleces. Y utilizar el cerebro, que uno no se muere ni nada por pensar y recapacitar un rato.
Yo lo digo siempre, que engañar a los demás está feo, pero engañarse a uno mismo es ya el colmo. Hacer ejercicio físico no es malo, lo que está mal es obsesionarse con ello, y desde luego en el equilibrio físico y mental está la virtud. Pero si tan importante creemos que es el interior, tal vez nos convendría trabajarlo más y dedicarnos a ser mejores personas, en lugar de invertir nuestro tiempo, nuestro esfuerzo y nuestros sacrificios única y exclusivamente en ponernos cachas y morenos, que es lo que infinidad de gente hace.
Y si al final la mayoría de las personas no son más que bonitos envoltorios musculados más vacíos que figuritas del todo a cien que se exhiben en un escaparate, al menos que sean consecuentes y que no vengan luego a decirme que la belleza está en el interior, cuando está claro que no predican para nada con el ejemplo.
Que nos quejamos de que la gente sea tan superficial, pero no nos damos cuenta de que la gente somos nosotros.
Fuente: UniversoGay










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