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22 de septiembre de 2008

¿Querés agrandar tu combo, puto?

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El Sindicato de Libertades Civiles de los Estados Unidos (ACLU) ha presentado una demanda contra un local de McDonald’s de la ciudad de Louisville, Kentucky luego de que un empleado del restaurante de comidas rápidas llamara “maricones” a una pareja gay y a sus amigos, entre otros epítetos de índole discriminatorio. El ACLU ha presentado la demanda junto con la Comisión de Relaciones Humanas de Louisville, ya que la ciudad posee una ordenanza de derechos humanos que prohíbe la discriminación en base a la orientación sexual en lugares públicos como restaurantes.

Ryan Marlatt, Teddy Eggers y tres de sus amigos, oriundos de Indiana, Indianapolis, se habían reunido para almorzar en el McDonald's ubicado en East Market Street el 26 de julio de este año mientras se encontraban de visita en Louisville durante el fin de semana. Mientras esperaban su pedido, un empleado que se encontraba detrás del mostrador se refirió a ellos como "maricones" en diálogo con otro empleado. Marlatt y Eggers se acercaron al cajero, argumentando que no habían ido al restaurante para ser insultados y pidieron hablar con un supervisor. Mientras esperaban que llegara el encargado de turno, el empleado que los había llamado "maricones" comenzó a discutir con ellos, repetidamente llamándolos “maricones” enfrente de los demás clientes y refiriéndose a uno de ellos como "chupapijas" y "puta".

"Nadie debería ser tratado de la manera en que fuimos tratados en ese McDonald's", declaró Eggers. "Cuando finalmente pudimos hablar con una supervisora, ella nos dijo que no entendía cual era el problema. Yo no podia creer que eso estuviera sucediendo".

La supervisora de turno se negó a reembolsar la compra realizada por el grupo, aduciendo que solo el supervisor general del local podía autorizar reembolsos. Marlatt asegura que intentó varias veces en las semanas subsiguientes contactarse con el supervisor general del McDonald's y con las oficinas corporativas. Sin embargo, nunca recibió ningún tipo de respuesta de las oficinas corporativas y cada vez que intentó comunicarse con el McDonald's donde sucedió el incidente, los empleados cortaban la comunicación.

"Solo se trataba de unos pocos dólares por un Big Mac y papas fritas, pero si voy a gastar mi dinero en algún lugar, no debería hacerlo en donde reciba abusos verbales", aseguró Marlatt. "El primer insulto ya fue algo malo, pero el hecho de que McDonald's se niegue a hacer algo al respecto es mucho más grave e insultante".

Marlatt y Eggers están solicitándole a McDonald’s una disculpa, un reembolso de los 28 dólares gastados en la comida y la correspondiente acción disciplinaria a los empleados involucrados. Hasta el momento, la cadena supuestamente “gay-friendly” aún no ha respondido a estos cargos.







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