La adolescencia es la etapa de la vida que se inicia con la pubertad, la madurez fisiológica, y termina en el status social de adulto. Mientras para unos no pasa de ser una etapa más, con la misma cantidad de problemas que otra etapa de la vida, para otros es un período caracterizado por grandes oscilaciones en el comportamiento.El proceso de independencia de los padres, es decir, la separación del núcleo protector que supone la vida familiar, se produce de una manera progresiva. Los jóvenes se vuelven más críticos y sienten la necesidad de analizar y de enjuiciar a los adultos. Las respuestas que antaño les satisfacían ahora ya no, y necesitan oponerse para reafirmar su personalidad.
El adolescente aún no tiene control total de sus impulsos los que en esta etapa están en plena ebullición, y muchas veces los padres no pueden aceptar dicha situación y tratan de imponérseles de manera rígida, lo que genera en el joven una reacción de mayor rebeldía y oposicionísmo creando mayores conflictos. Conflictos a los que no debe temérseles, son un llamado de atención. Es, en este importante proceso, en que los padres deben estar atentos para ayudar al joven y disminuir así algunos riesgos propios de esta etapa.
Los jóvenes frecuentemente se aíslan porque necesitan espacio para ellos solos, para pensar. De hecho, frecuentemente escuchan la música que les gusta, ponen en sus habitaciones fotos de sus cantantes favoritos y no les agrada compartir almuerzos familiares y recibir familia en casa. Más aún, ellos desean que esos espacios les sean respetados, sin embargo, ello no implica que los padres no les impongan reglas ni les exijan cumplir con sus obligaciones.
La resistencia a la norma familiar forma parte del conjunto de comportamientos normales del joven, y los padres no debieran darles tanta importancia ni modificar sus costumbres.
El adolescente tiene como mayor deseo el sentirse libre, el ser dueño de sí mismo, de ser distinto, es por eso que frecuentemente observamos cambios en su vestimenta, cambian su apariencia, comienzan a usas aros, piercings etc.
Sin embargo, este es un período de mucha ambivalencia no son “ni grandes, ni chicos” o mejor dicho a veces se sienten grandes y en otras ocasiones se sienten pequeños por lo que sus conductas llaman la atención y generan en los padres reacciones de rabia cuando no hacen lo que esperamos de ellos.
RIESGO SOLAPADO
No obstante, esta necesidad de libertad y de sentirse grandes, hace de este período un momento de riesgo. Si el adolescente es más bien introvertido, frágil e inseguro, y además existen problemas a nivel familiar, aumenta la probabilidad de que se incurra en conductas como las drogas, el alcohol, frecuentar “malas juntas”, e incluso cometer ciertos actos delictivos para demostrar su autonomía y “choreza”, así mismo el rendimiento escolar podría comenzar a disminuir.

Los amigos pasan a ocupar un papel tremendamente importante para los jóvenes, dado que ellos son un referente y objetos de identificación y algunos padres creen que “ya no nos necesita”. Eso es un error, pues mientras más demanden independencia y libertad, esto es un signo inequívoco de todo lo contrario. El adoptar una actitud autoritaria es tan pernicioso como la ausencia de autoridad: hay situaciones en las que los padres deben saber decir: ¡No! Y que ese ¡no! sea innegociable, firme, un dogma. Los padres deben tener la autoridad de imponer que algo no está bien.
No ceder en cosas importantes hace a los padres relevantes a los ojos del hijo, sin embargo, hay otras ocasiones en las que se hace necesario el conversar con el joven, escuchar sus razones y explicarle que no les parece bueno para él que tenga determinada actitud, haciéndole ver que es perjudicial para él.
El adolescente necesita entender porqué los padres establecen ciertas normas. Siempre es bueno explicar que detrás de cualquier medida hay preocupación y mucho amor y expresárselos claramente. “Esto es porque te quiero mucho y aunque a veces te enojes, yo igual voy a estar ahí”.
Fuente: Gay Magazine










