¡Son tantos los elementos que se barajan en el arte de la seducción!. La mirada, la sonrisa, la gracia natural, los gestos, el vestuario, la coquetería y el galanteo, el juego entre el pudor y el impudor.... Sin embargo, la técnica del flirteo sigue siempre unas pautas precisas que son casi universales. En una investigación realizada, al respecto, por la antropóloga estadounidense Helen Fisher sobre 62 comunidades distintas llegó a la conclusión de que personas de lugares tan diferentes como la selva del Amazonas, los cafés de París o las estepas de Manchuria flirtean con la misma gama de expresiones.
La más fuerte e importante de ellas reside en la mirada, ya que el contacto visual actúa sobre un lugar primitivo de la conciencia humana que activa una de nuestras emociones básicas: aproximarse o retroceder. Por lo tanto, no son los genitales, el corazón o el cerebro los órganos de arranque de todo romance, sino los ojos.
El Instituto Max PlancK de Munich efectuó varias investigaciones sobre este aspecto, y en un experimento realizado con 200 adolescentes (chicos y chicas) que no se conocían antes, se les encerró en una gran sala para observar sus reacciones a través de espejos truncados y videocámaras.
Los psicólogos investigadores comprobaron que los treinta primeros segundos son decisivos: si en ese tiempo no se establece contacto visual, es que ya no va a pasar nada. Y es que, aún antes de intercambiar la primera palabra, hombres y mujeres se gustan con la mirada.
Es en esta fase cuando se prepara el ritual de la conquista: el hombre muestra su interés colocándose abiertamente delante de ella, mientras que la mujer indica estar interesada en el diálogo con gestos como tocarse el pelo, pasárselo por detrás de la oreja o mostrar el perfil de su pecho. Generalmente buscan alguna circunstancia común para comentar, por ejemplo, una tercera persona que ambos conozcan u otro tipo de cuestiones intrascendentes.
Iniciada la conversación, es fundamental presentarse e interesarse por aspectos que a la otra persona le interesen (da igual si a nosotros no), intercalar expresiones de refuerzo y que denoten vitalidad y optimismo y, sobre todo, mostrar mucho interés por lo que a la otra persona le gusta, desea o no, aficiones, etc.. evitando ser pesados/as si comprobamos que nuestro/a partener no esta muy interesado/a.
Simultáneamente hay que intercambiar señales no verbales de interés: mover la boca o los ojos de una determinada forma, mirar a los ojos del/a compañero/a (pero no durante un tiempo muy prolongado), sonreír frecuentemente y estar muy positivo/a a la hora de dar opiniones.
Fuente: Frecuencia Gay










