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13 de agosto de 2009

Oficial gay ayuda a cambiar mentalidad de Royal Navy

2 Comentarios
El subcomandante Craig Jones trepó la escalerilla que conducía a la cabina del capitán, que tenía un ojo de buey y fotos de la reina Isabel II y el duque de Edimburgo. El capitán hizo una pausa en su conversación con el oficial y se sentó. Jones lo miró a los ojos y le dijo que no volvería a permitir que hablase mal de los marinos gay.

Esto ocurrió en enero del 2000. Acababan de anunciar que los gay podrían servir abiertamente en las filas militares.

"Le dije, 'es muy sencillo, soy gay'", relata Jones. "El cambio de política tal vez no haya tenido demasiado impacto en usted, pero sí lo ha tenido en mí".

El capitán del barco de combate tartamudeó. Había una nueva política, pero él no sabía qué hacer. Le pidió a Jones que no dijese nada.

Jones, sin embargo, no paró de hablar hasta llegar a los niveles más altos de la jefatura militar.

Había tenido mucho tiempo para pensar lo que hacía. Durante años había hecho una doble vida.

Se enroló en la Armada en 1989, deseoso de aventura, y logró lo que buscaba. Interceptó traficantes de drogas en el Caribe, se tiró de helicópteros, sirvió en el río Shatt-al-Arab que divide Irak e Irán, persiguió traficantes de armas en Irlanda del Norte.

Hasta que un día, a los 25 años, conoció a Adam Mason, quien pasó a ser su compañero. De repente, tenía un secreto.

Jones y Mason iniciaron una relación clandestina en Brighton, comunidad costera con una actitud tolerante hacia los gay, aunque muy distante de su base de Portsmouth. Temeroso de que alguien pudiese hacer algún comentario inocente que lo perjudicase, dijo que era un camionero de la empresa Shell.

"Vivía pensando que en cualquier momento alguien golpearía la puerta y sería la policía militar", declaró Jones.

Por entonces, los gay no podían servir en las fuerzas armadas.

La vida no fue fácil para este oficial de la Royal Navy, una fuerza en la que hombres y mujeres pasan mucho tiempo juntos y el trabajo no termina a las seis de la tarde. Se forjan lazos estrechos entre las familias, que se apoyan entre sí durante las largas ausencias, en tiempos de guerra o cuando sucede alguna desgracia.

Jones quería participar en todo esto. Quería que Mason fuese el primero en ser informado si le pasaba algo, que recibiese beneficios si él moría sirviendo a su patria.

Esa mañana del 2000 tenía acumuladas frustraciones de muchos años.

"Recuerdo que le dije al capitán que en el barco había hombres y mujeres gay y que tenía hacia ellos las mismas obligaciones que hacia los demás", expresó.

Ese fue apenas el comienzo. Le dio la noticia a otros oficiales y les dijo que podían pasar esa información si así lo deseaban. Cuando se organizó el baile tradicional para las parejas de los oficiales, él se anotó. Los oficiales y sus esposas lo recibieron bien, pero esa primera noche prefirió con bailar con Mason.

"Me pareció que había que respetar la sensibilidad de los demás", dijo Jones.

Los cambios se producen lentamente. Si bien los gay pueden servir libremente ahora, no hay demasiadas garantías para ellos. Jones pensaba que podrían dar marcha atrás con algunas de las medidas si surgía cualquier problema. Se reunió con funcionarios del Ministerio de Defensa y le escribió cartas a los ministros.

Un día que se sentía particularmente ofuscado almorzó con los padres de un colega y no se guardó nada. No se dio cuenta de que estaba hablando con Lord Armstrong de Ilminister, quien fue secretario de gabinete durante la gestión de la primera ministra Margaret Thatcher.

Poco después recibió una invitación para pasar un fin de semana en el Castillo Leeds de los Armstrong, quienes habían invitado también a Lord West, comandante de la armada británica.

Se cruzaron en un pasillo y Lady West tomó a Mason del brazo y le preguntó cuáles eran las necesidades de las parejas de un marino.

"Se manejó de modo tal que no había dudas de que iba a usar su influencia", contó Jones.

Lord West prometió hablar con el oficial a cargo del personal. La Royal Navy se puso a la cabeza de una campaña para aceptar a los gay. Los marinos participaron en desfiles gay. Jones declaró, en uniforme, ante el Congreso estadounidense. Fue homenajeado por la reina por su trabajo para promover la diversidad.

Ya dejó la armada, con la satisfacción de saber que ha habido muchos cambios y que ahora, por ejemplo, se permiten las uniones civiles de personas del mismo sexo, lo que le da a las parejas muchos de los beneficios de las parejas casadas.

Lord West, actual ministro para el terrorismo, pasó cuatro décadas en la Royal Navy y fue comandante de la HMS Ardent, una fragata que fue hundida durante la guerra de las Malvinas.

West dijo que su tolerancia de los gay responde a su experiencia con un marino que sirvió en el Ardent.

"Probablemente el mejor suboficial que he tenido, un hombre valiente, que se desempeñó brillantemente bajo fuego, que hizo todo bien, todo. Cuando llegué a comandante en jefe, él había terminado su servicio. Al irse, me informó que era gay", relató West. "Me hizo reconsiderar muchas cosas".


Fuente: ENEWSPAPER


2 Comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Soy militar y si bien aqui se permiten las uniones gays dentro de las Fuerzas Armadas (gracias a Nilda Garré, ministra de defensa) aun hoy siguen habiendo muchos tabues. Muy bueno

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