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17 de julio de 2011

El Rompecorazones

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Algunas personas van por la vida creando expectativas en los demás, que luego no se van a cumplir. Seducen, enamoran, dan, quizás, de aquello que saben que el otro anhela enormemente. Crean un momento o un estado intenso de intimidad. Hacen sentir al otro importante o valioso. Transmiten la sensación de “que uno ha encontrado a la persona que se esperaba”, o que son maravillosos. Y no es algo sólo erótico, pues aunque sean seductores y busquen sexo, hacen sentir que hay algo más. Algo que llega hondo y que desbloquea las defensas de su víctima. Que se entrega involuntariamente a un estado de entusiasmo e ilusión condenado al fracaso.

Son personas con un don, un encanto, que las hace irresistibles. Se presentan como simpáticas, interesadas, que tienen en cuenta al otro como ser humano. A veces son serviciales o entregadas. Quizás son especialmente guapos o lo consiguen parecer. Y se acercan a personas que son más débiles o más necesitadas, y que fácilmente van a caer en ese hechizo.

Todo este es una estrategia inconsciente (en principio, hasta que se repite demasiadas veces, incluso para ellos) que les lleva a tener que conquistar, atraer, seducir…pero con el fin de sentirse valiosos, o sentir que tienen cierto poder, o que no están en el lugar de los que son abandonados, sino en el de los que abandonan (pues no lo soportarían). Huyen a la primera de cambio, o dicen que no quieren comprometerse, o dan a entender que no es posible una continuidad.

Es una problemática narcisista, por la que se juega con los sentimientos de los demás, para mantenerse con cierto valor. Y que implica no sentirse culpables del daño que se hace, pues no pueden realmente “ver” al otro en su integridad como personas. Usan a los otros, para sus necesidades psicológicas, pero son incapaces de querer a nadie. Ni siquiera a ellos mismos. En todo caso pueden pensar que el otro es tonto por lamentarse de su suerte, o que dramatiza en exceso, o que hizo mal enamorándose “pues le dejó claro desde el principio que no había nada más”.

Son personas que pasan de una relación a otra, como de “oca en oca”. Precisamente para no sentir pérdida o carencias, y no poder deprimirse nunca (que es lo que en el fondo ocultan: una depresión larvada, pero profunda).


Fuente: Puebla Gay

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