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19 de diciembre de 2011

¿Cómo hago para salir del clóset?

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Se acerca fin de año y, como muchos, Julio cree que es tiempo de balances. Escribe a Boquitas pintadas y cuenta que tiene 36 años y le interesa narrarnos lo que considera esencial en su vida. Para él, recordar el proceso de su salida del clóset es vertebrador. Allí se centra. Describe desde los primeros indicios de cuando era niño, pasando por la adolescencia, los momentos en que intentó ponerse de novio para caretearla con sus amigos, hasta que se enamoró de verdad por primera vez de otro varón, a los 20.

A continuación de la historia de Julio, el lic. Alejandro Viedma compartirá su mirada desde su experiencia clínica: él recibe numerosos relatos que dan cuenta de que esta salida del placard es un proceso, que no se da de un día para otro, y que va desde la negación hasta la aceptación. ¿Cuáles son estas etapas por las que la mayoría atraviesa? ¿Cómo se sale del clóset?


“En la escuela elegía el elástico antes que la pelota”


Por Julio

Tengo 36 años y, si bien de muy chiquito no sabía que iba a ser gay, siempre he sabido que a mí no me gustaban las nenas, las chicas, como a otros compañeros de la escuela. Ya desde el preescolar me juntaba más con las niñas; más adelante, en los primeros años del primario, tenía “mejores amigas”, pero no amigos.

En los recreos me gustaba jugar con ellas y no con los varones, me resultaba más cómodo jugar al elástico que a la pelota, cosa que no fue bien vista por mi maestra de tercer grado y se lo dijo a mi vieja. Un día llego a mi casa y ella me dice: “¡Qué vergüenza me hizo pasar tu señorita, en la reunión de padres de hoy! Me dijo adelante de todos que vos siempre jugás con las nenas”.

Ahí empecé a darme cuenta que para los demás yo estaba haciendo algo malo. A todo esto, en esa época venía a mi casa un vecino a jugar, dos años mayor que yo. Nos íbamos debajo de la cama y él me tocaba, generalmente la cola y no pasaba de eso. Hasta que un día acerca su boca a la mía y me besa diciéndome: “Esto es lo que hace mi hermana con su novio”. A mí eso no me desagradó pero sabía que esos jueguitos eran prohibidos, que había que hacerlos escondiéndonos. También tenía esos toqueteos con algunos chicos más (hijos de amigos de mis viejos, por ejemplo), pero nunca con chicas.


A mis nueve años empecé a ir a la colonia del club Ferro y ví por primera vez a hombres desnudos en los vestuarios. Sentí algo extraño, porque no puedo decir que me agradó o deseaba esos cuerpos –al menos conscientemente-, pero luego no dejaba de mirarlos disimuladamente. Pasaba el tiempo y por tener viejos evangélicos practicantes todo a mi alrededor me decía que ser homosexual estaba muy mal. A mis diez años me encerraba a llorar en el baño de mi casa porque ya me empezaba a dar cuenta lo que me pasaba y que si seguía así mis viejos se iban a enojar y no quería decepcionarlos, quizás por eso siempre traía un boletín con excelentes calificaciones…

A mis once, un día fui solo al templo donde solíamos ir en familia y justo estaba el pastor hablando con una señora. Me animé y le “confesé” lo mío. Le puso mucho interés a lo que le contaba, pero no tuve su aprobación. Mi culpa continuaba. En la secundaria las cosas no cambiaron, es más, empeoraron; primero, porque ya no me podía negar mi homosexualidad y segundo porque seguía muy cercano a tres compañeras mujeres (a quienes luego también les conté), lo que hizo que empezaran a agredirme mis compañeros varones.

A los 15 conocí a un chico gay fuera del clóset, también dos años mayor que yo, y tuvimos “algo”. Sensación ambigua otra vez. A dos años de eso llega Bariloche y me tuve que obligar a transarme a una piba aunque eso no bastó para que mis compañeros hicieran mi outing (desparramaron que yo “me la comía”) con los pibes de otros colegios. Una tortura. Un tiempo después empecé a llevarme bien con un compañero y como yo quería que fuésemos amigos, le conté. Me dijo: “Está todo bien, todos comentan de vos, pero no hay problema”.

Terminamos el secundario y obviamente se borró. Recién ahí las cosas mejoraron para mí, con el ingreso a un terciario. Me hice amigo de una compa a la cual le dije que estaba saliendo con alguien y me contestó: “qué bueno, cómo se llama?”, “Agustín”, “Ahhhhhhhh, contame todo!”. Meses después (yo ya tenía 20) allí tuve mi primer amigo gay. Y luego mi primer novio (del cual me enamoré y tuve mi primera relación sexual completa y placentera), que es cuando le conté a mis viejos. Mi papá me dijo: “No le cuentes a tu tía, que es muy chusma”. Paralelamente lo hablé con mi jefe (en un momento de ascenso), que me dio un abrazo como respuesta. Años después le conté a un primo en un bar y me dijo: “Pará, que me pido otra birra!”. Ahora somos amigos y él me cuenta de sus conquistas femeninas…

Actualmente ya no niego mi ser gay a nadie ni en ningún sitio conocido o nuevo y tampoco siento rechazo alguno del exterior. ¡Tampoco juego más al elástico!



Las etapas de la salida del placard


Por lic. Alejandro Viedma

Al proceso de salir del clóset generalmente se lo lleva a cabo paso a paso porque no se trata solamente de una revelación, no es algo de un instante, ya que hay mucha energía puesta en el secreto. La regla en casi toda persona lesbiana y/o gay es la interiorización del mandato de no contar sobre su orientación homosexual y seguir reproduciéndolo, hasta que haya un corte en esa cadena.

Así, siempre habrá algún espacio que se sume para poner palabra o inhibirla acerca de la sexualidad de uno/a, es decir, cuanto más se sociabiliza, más posibilidades tiene el sujeto de hablar sin rodeos o de mentir sobre él y es por ello que la salida del armario puede durar toda la vida en cuanto a que un individuo cambia de trabajos, de contactos, suma allegados de esos nuevos vínculos a su vida, se muda, estudia en diferentes establecimientos, etc.

Para el psicoanálisis las distintas etapas de cualquier proceso son subjetivas, singulares, no fijas, y muchas veces no corresponden con lo esperable para la edad cronológica de la persona (en cuanto a una media estimativa), aún así, en las personas lesbianas y gays se dan ciertas similitudes. Lo que digo es que también existen variedades respecto a edades y formas de salidas: algunos se asumen totalmente en la adolescencia, otros en su juventud, otros después de los cuarenta, otros de abuelos (por haberse casado y haber tenido hijos anteriormente), varios no lo logran hacer nunca por una fortísima represión, en muchos casos, por un conflicto enorme presentado por sus incuestionables creencias religiosas.

Teniendo en cuenta lo precedente, propongo un recorrido un tanto arbitrario para describir el coming out of the closet desde mi experiencia clínica con varones gays, en su mayoría mayores de 35 años.

- Primera etapa: generalmente se da en la niñez. La nominación viene desde afuera (por ejemplo desde el insulto “maricón”) sin uno entender qué quiere decir, muchas veces sucede en los juegos, por estar en compañía de amiguitos del sexo opuesto, o por ejemplo, no tener, siendo varón, las “habilidades masculinas” para jugar al fútbol. Se dan los primeros juegos sexuales con vecinitos, primitos o compañeritos del mismo sexo, como modos de exploración de los cuerpos, no obstante eso no es determinante de la definición de la orientación homosexual, ya que lo lúdico-corporal es algo típico en todos los niños y adolescentes, y ejemplo de ello es lo masturbatorio-grupal entre varones para reconfirmar su condición masculina.

- Segunda etapa: en la pre adolescencia. Se experimenta un sentimiento “raro”, hay sensaciones nuevas, a uno le pasan cosas con imágenes o cercanías de personas del mismo sexo, pero no siempre se entiende del todo qué le está pasando (no está claro que a uno le gusta).

- Tercera etapa: en la adolescencia. Emerge el “darse cuenta”, por lo cual se espera y se cree que será algo pasajero y se pide (por ejemplo si uno es católico, a dios, o a algo mágico) poder cambiar.

- Cuarta etapa: en la adolescencia tardía. Se vivencian las primeras experiencias sexuales conscientes/consentidas, pero prontamente se las niega por sentirse pleno y al mismo tiempo sucio. Como excepción puede confesárselo, con mucho miedo, inseguridad, vergüenza a un cura, pero no se lo suele hablar (por lo sentido) con nadie más.

Hasta aquí, más que salir se entra y permanece dentro del clóset. Es que como alguna vez dije, no se puede salir de un lugar de donde previamente no se entró.

- Quinta etapa: en la primera juventud. Viene de la mano del enamoramiento y un primer novio o una primera pareja, por lo cual lo asume primero uno. A partir de allí se empieza a contárselo a algunos y a esconderlo a otros/en otros espacios, cuestión que trae como consecuencia nuevas barreras.

- Sexta etapa: la auto aceptación total. Cuando se blanquea la “elección” de objeto homosexual de uno/a en (casi) todos lados, pero no deja de ser algo inacabable pues allí ya están implicados también todos esos seres cercanos que ya saben sobre uno y también se enfrentan con el dilema de “deschavar” al otro o no hacerlo. De todos modos, esos ya serán caminos a tomar de los terceros.

El hecho de que una persona gay o lesbiana arribe a esta etapa y cumpla con el ciclo de este proceso completándolo de una manera exitosa, es algo muy positivo pues como antes tuvo avances parciales pero fundamentales, se posiciona en un lugar de llegada y por ende vivirá más tranquilo, sincero, conforme consigo mismo y sin somatizar tanto por estar enclaustrado, “bunkerizado”, tapado, encapsulado, en el ostracismo.

Y vos: ¿en qué etapa del proceso te ubicarías?



Fuente: Boquitas Pintadas

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