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9 de enero de 2012

Cuando padre e hijo se asumen gays

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A propósito del post anterior, en el que Roberto contó su salida del clóset y su incomprensión familiar, Marcos decidió narrar su historia. En su relato cuenta desde que cortó con su novia Vivi cuando le empezaron a atraer los varones, habla de la presencia de un amigo confidente y desliza cómo fue contárselo a sus padres. Entonces, aporta un dato muy particular: ¡Su papá también salió del ropero! Como en el primer relato que envió a Boquitas, Marcos mencionaba el hecho como al pasar, le pedí que contara más en detalle las sensaciones que se vivieron en el hogar cuando esto aconteció. Una de las cuestiones que se atreve a reconocer Marcos es que, aunque él sea gay, le costó “muchísimo” aceptar que su padre también lo sea. “Sentí que se estaba metiendo en mi terreno”, dice.

Los dejo con la historia de Marcos, contada en dos capítulos…


“Mi salida del clóset”


Yo salía con Vivi, mi novia de la secundaria. Teníamos 17 años. En ese entonces yo no tenía muy en claro lo que me pasaba, si bien había estado con 2 chicos, uno de la primaria y otro flaco de 25. No sé si se podía decir que estaba dentro del clóset o si simplemente estaba descubriendo mi sexualidad. En un momento sentí que no podía seguir saliendo con Vivi por toda esta cuestión de lo que me pasaba con los tipos.

Antes de cortar con ella (que obviamente no le dije por qué quería terminar la relación) hablé con un amigo, compañero del colegio, César. Yo no recuerdo lo que le dije, sí que me puse a llorar, más que nada, porque realmente la quería muchísimo a Vivi. Según yo tenía registrado, no le había dicho nada a César de mi sexualidad. Fue como si se hubiera anulado en mi cabeza la charla que tuve con él. En síntesis, después de un tiempo él me refrescó lo que yo le había dicho. Por suerte lo hablé con él, que resultó ser un buen amigo y por lo que sé, no se lo contó a los otros chicos del colegio. Además, lo tomó con total naturalidad.

Cuando se lo conté a mi familia, unos años más tarde, sí hubo un remolino importante, pero porque el que salió del ropero fue mi propio padre, aunque eso ya sería material para otro capítulo.
Marcos 


(Segunda parte de la historia)
“Somos una familia al estilo Almodóvar”


Desde muy chico siempre fui muy intuitivo. También pude darme cuenta desde pequeña edad que algo me diferenciaba del común de la gente.

Mi padre era tripulante de avión y ya desde que nací me acostumbré a que él estuviera ausente. Lamentablemente la sensación de ausencia se posaba también en los días en los que él estaba. Si bien no lo culpo, porque sé que hizo lo que pudo, varios factores estuvieron para que yo hoy sea quien soy.

De chico, mis abuelos y familiares me decían que cuando mi papá no estaba, yo era el hombre de la casa. ¡Hombre de la casa! ¿A tan temprana edad? Muy bien, yo me lo tomé en serio. De chiquito tenía un pensamiento recurrente: sentía que había un hombre debajo de mi cama. Un hombre imaginario.

Cuando mi papá no estaba, mi mamá solía llevarme a su cama, claro que eso lo supe mucho después cuando me lo contaron. O sea que me ponían en el lugar del hombre de la casa.

Ya de más grande, pero no tanto más, sospeché que mi padre era homosexual. ¿Por qué? Es muy fácil, es como contar 2 más 2. Si yo sentía un aprecio hacia los varones y era el hombre de la casa, cuando mi padre no estaba, ¿cómo era el hombre de la casa cuando mi padre estaba? Pero esto solo es una teoría.

La cuestión es que todos crecimos, yo a medida que crecía entre crisis y crisis iba saliendo del clóset, hasta que finalmente me destapé y lo que había debajo de la manta era el gusto por el mismo sexo. En el momento en el que le conté a mi mamá que yo era gay, ella me respondió: “Está todo bien, hijo, esa es tu elección, es algo de cada uno y yo te acepto como sos”.

Pasaron millones de cosas en todos estos años, solo estoy resumiendo muchísimo lo que pasó.

Cuando yo tenía 27 largos años, mis padres deciden separarse. Fue muy triste. Ahora lo que yo intuía de chico se hizo realidad, mi padre me confesó que era gay. Y mi madre me preguntó: ¿Cómo es que lo sabías? Y yo le dije: Fácil, soy el hijo.

Igualmente –aunque yo también sea gay- me costó muchísimo aceptarlo a él. Porque sentí que se estaba metiendo en mi terreno. Tuve que poner muchas barreras y límites para que mi padre no se metiera en mi mundo. El hecho de que sea gay, no le daba derecho a compartir mis espacios.

Toda mi vida sentí que mi padre competía conmigo, seguramente no tuvo oportunidad de crecer como él hubiera querido. Pero todo esto pasó y solo queda el perdón, el olvido y el amor.

Sí, somos una familia al estilo Almodóvar, pero nos queremos profundamente.
Marcos

Fuente: Boquitas Pintadas

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