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8 de febrero de 2012

“No podía entrar al baño del colegio porque me gritaban puto”

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Esta es la segunda parte de la historia de Juane, alguien que vivió mil desventuras y quiere contarlo para que esta violencia que soportó desde niño, que van desde la sistemática recepción de golpes e insultos hasta ideas suicidas y autoflagelos, no sigan ocurriendo. ¿Cómo sobrevivió a todo esto? ¿Quién lo ayudó?

Este es el relato de Juane…

La crueldad de la vida

(Segunda y última parte)

por Juane



Una mudanza ¿salvadora?

Entonces emergió de entre todas las posibilidades un imprevisto, mi familia se mudaba de ciudad, de provincia, nos íbamos lejos, “otra oportunidad para que esto no me pase más” pensé al instante de saber la noticia de nuestra pronta mudanza, íbamos al pueblo de mis abuelos, al que no recordaba, el pueblo de mis vacaciones de la infancia, ya no tendría legisladoras que muelan mis brazos a sutiles mas incesantes golpes, ya no tendría a mi alrededor a una división entera riéndose de mis formas, ni de mi voz, ni de mí, volvía a ser persona, al menos todas esas esperanzas mezcladas volcaba sobre ese viaje, era realmente esperanzador comenzarlo todo de nuevo.

Al llegar a la nueva ciudad, me repetía constantemente, “de tanta burla algo he aprendido”, “es momento que haga un esfuerzo más grande, tengo que ocultar todo lo que de mí moleste”, “tengo que ser fuerte”, “no puede ser tan complejo”, “tengo que tener novia”, “ya sobreviví a lo peor ahora todo estará bien”.

***

Durante el primer año la corrección funcionó, no escuchaba insultos, estaba feliz con mi primer amigo varón, sin embargo algo acontecía en mí, pues en soledad, cuando ya estaba solx conmigo en mi cuarto, la tristeza era profunda, el dolor era intenso, cuando no estaba rodeadx, cuando se acababa el “fingir” que tan bien me salía, nuevamente el morir como necesidad de escapar de esta vida ficticia y vacía hacia su sangrienta entrada.

En ese transcurso mi dolor era mío, no le pertenecía a nadie más , no podía controlarlo pero al menos si ocultarlo, quizás fue por ello que en el verano del siguiente año, cuando ya hacia más de un mes de mi soledad, en mi cuarto, de alguna manera comencé a escribir mi más definitiva huida, sin saberlo escribí en realidad mi primera novela, su centro era el amor de dos chicxs diferentes, en ese momento se despertó en mí una sensación indeclinable, liberadora y pacificadora, yo era diferente.



Cuando volví ese año al colegio, retorné con un espíritu aún quebrado, retorné con un espíritu aún sofocado por la angustia, esta vez no era de ocultar lo que no era, esta vez era de encerrar lo que era entre mi cabeza y mis deseos, entre mis hormonas y mis erecciones, así pensaba que la parodia de mi mismx que había construido podría mantenerme con vida, ya sabía del dolor de ser atacadx, no quería darles el placer de confirmarles sus sospechas, mi pecado, mi enfermo deseo que tan puro me había parecido al principio se quedaba conmigo.

Así pues, en esta contradicción pasaron 6 meses de un intenso ocultamiento y a su vez de una intensa liberación porque al fin el deseo surgía, por fin tenía ganas de besar a alguien, mas sabía algo muy simple estaba solx, no podía hacerlo publico, de eso dependía mi vida, que aún siendo reducida a una mentira que rápidamente me llevaba siempre al mismo pensamiento suicida era mía y nadie iba a quitármela sino yo mismx.

Cabe decir que esos seis meses fueron 6 meses de mí, enamoradx, enamoradx de la persona equivocada a quien se lo comuniqué, no sólo fracasé ese día sin saber muy bien porqué había salido del closet, sabía que como éramos compañerxs de escuela al siguiente día la escuela entera lo sabría, me cuestionaba mis razones,¿ por qué había sido tan imbécil de contárselo’, “¿por qué no me guarde este corazón enfermo que tengo?” me decía sin cesar. Entonces sobrevino la peor de las partes de esta historia, los primeros años de mi vida “fuera del closet”.

****

Cuando volví al colegio, allí empezó el primer calvario, en un instante los insultos y las burlas se mezclaban con los “yo te acepto”, “sos diferente pero sos buena persona” violentos y asquerosos decires, que no tenían otro fin que ganarse mi confianza que escupa mi historia sexual, para así llevarla de bandera para reírse frente a mí de mis prácticas perversas. De todas esas anécdotas quizás una sea la más importante, al menos para mí y por eso quiero dárselas no quiero repetir la descripción de lo que se fue repitiendo (pues todo volvió a suceder sólo que esta vez ya no atacaban a mi persona ni ignoraban una “broma de chicos”, esta vez atacaban la dignidad de mi identidad) por ello quiero contarles lo que hizo de nuevo la discriminación en mis últimos años de mi escuela secundaria

Todavía lo recuerdo fue justo en esa época que ocurrió lo que sin duda fue más duro que los golpes, más duro que los encierros, los llantos, o la esperanzadora idea de que pronto me daría muerte a mi mismo. Era un día como cualquier otro, hacía unos meses que había “salido”, justo en un recreo, ese día entré como sin decir nada, nunca había tenido amigxs mucho menos amigos varones (el único que tuve al salir del clóset como la gran mayoría se esfumó), estaban mis compañeros de clase conversando, no pretendía incluirme en su conversación, sólo quería utilizar el sanitario y salir de ese lugar, algo podía pasar lo presentía, entonces entré, el baño no tenía puertas pensaba que no lo habían notado, aún confiaba en que era invisible, mas no fue así, ellos mismos se pusieron en ronda a mi alrededor, mirándome cuales niños a punto de hacer una linda travesura, de inmediato, una vez encerrado, comenzaron a girar, saltando al cántico de “el puto puchero se confundió de baño”, “al puto lo sacamos nosotros de acá” y así fue, a los empujones me sacaron, de allí, no rompí en llanto, pensé: ‘Está bien, yo no soy como ellos’. Ese día me contuve, sí, contuve todo fluido que tuviera en mi cuerpo. Pasaron los meses, yo seguía sin ir al baño, sin animarme, negándole a mi cuerpo la posibilidad de todo movimiento ajena al de mis pies.

****

Sin embargo, las horas eran muchas por ello un día decidí un día volver a intentarlo esta vez fue peor, esta vez tenía a todo mi curso gritándolo por toda la escuela, por suerte no había más que autoridades, me propuse que no pasaría de nuevo, decidí por ello no ir más, tres años lectivos pasaron no volví a ir, tenía clases desde las 6:55 a las 13:30 y no volví a ir, dependía de hacerlo a escondidas, de que algún profesor me lo permitiera en las horas de clase, estaba fuera del estatuto por ello en general no lo hacían, mas nunca volví a enfrentarme a ellos, pase por la educación sexual, yo no existía allí dentro, yo no estaba, no aparecía lo mío era como la masturbación un arte prohibido pues como no genera reproducción y nadie tiene que conocerlo porque es tabú, mejor no hablar de ciertas cosas.

Mas no quiero dejarlo solo allí, esa serie de hechos desafortunados produjeron algo mucho peor, mis monstruos de la infancia devenidos en seres humanos parecían todas las personas que me rodeaban en ese aula, en esa institución educativa, deseos extraños e irracionales me invadían, ante tanto golpe vinieron mis propios golpes físicos , cada tanto era una hebilla de cinto sobre mi espalda o un filo sobre mis piernas, mi propio dolor oculto debajo de mi ropa para mantener a raya el deseo de morir, el propio vacío de alguien que no quiere dejar de vomitar porque en su vida lo único que entra es desperdicio, el desvalor de seguir con vida, una vida que sólo te sirvió para saber que nunca serás feliz…



Es así como concluye mi testimonio, entre el recuerdo de unas autoridades que hicieron oídos sordos, docentes aún más hipócritas, la violencia cotidiana puesta sobre todos mis fluidos, mi vida privada, mi sexualidad y el recuerdo roto de haber tenido una adolescencia que no fue, una vida sin amigos y una existencia solitaria sólo acompañada por la sombra de quien quiere morir. Por esto les repito hasta el cansancio: que esto no sirva como manifiesto desesperanzador,  que sirva para concientizar, para anclar mentes en la importancia de la diversidad y la educación sexual integral. Yo sobreviví, tuve la suerte de poder salir, de superar el mandato que prohíbe la propia felicidad simplemente por una manera que tenemos de vivir. Pero me gustaría que nadie más tenga que volver a ‘sobrevivir. Para quienes estén pensando en cómo poder ayudarlos, denles nombre, no lxs dejen en silencio, luchemos juntxs por una Argentina más justa para todxs.
Me pregunto, ¿por qué no terminé con mi vida? ¿Por qué seguí y sigo? Por la libertad, me digo, por ser yo mismx.
Muchas gracias por este espacio.
Juane



Fuente: Boquitas Pintadas

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