
El otro día una amiga muy maja que tengo yo me relataba su vida sentimental. Servidor, que es estupendo, siempre presta la oreja para cualquier vicisitud amorosa-afectiva que me cuenten, no porque me interese realmente (en verdad el género humano no me importa un pimiento), sino porque los miércoles nunca sé de qué escribir y las vidas de los demás me vienen estupendas para rellenar esta columna. Además, mis amigos siempre me advierten que no escriba de ellos, pero luego les encanta cuando los pongo a parir aquí. Mi amiga me comentaba que había conocido a una chica que le gustaba mucho. Muchísimo. Es más, mi amiga estaba a punto de meterse a monja hasta que esta chica apareció en su vida para devolverle la fe en el género humano. Así de hastarcoño estaba de las personas en general y de las féminas en particular.
El problema de mi amiga, al contrario de lo que pudiera decir al respecto el Papa, no es que le gusten las mujeres, sino que había conectado con esta chica de un modo brutal. Por conectar hemos de entender que hablan durante horas cómoda y relajadamente y comparten gustos, aficiones y formas de entender la vida, no que hayan follado hasta quedarse sin aliento. En suma, que con esta chica hayfeeling, química, ese qué sé yo que sabes tú que hace que haya mariposas revoloteando en el estómago y que se plantee que podría haber algo más. Yo le dije “pues, chica, relájate, sigue quedando con ella, pasándolo bien y todo eso, y de paso pues le regalas un libro de los míos” (yo es que como teletienda ambulante no tengo precio). Entonces fue cuando ella me contestó algo así como...
—Maricón, yo lo que no quiero es que esto siga así, porque si vamos en esta línea nos hacemos superamigas en menos que Massiel se coge un pedo y entonces ya sí que no va a pasar nada.
Esto es muy curioso. Yo pensaba que eso de “es que somos muy amigos” era algo que se usaba más bien como excusa, cuando alguien se te acercaba dispuesto a comerte la boca y dejarte prácticamente encinta, o cuando te confesaban amor eterno en una de esas incomodísimas situaciones, y tú respondías para salir del paso, con mucho dramatismo y poniéndote una mano en la frente, lo deNo puede haber nada entre nosotros. No podemos perder esta amistad tan profunda y estupenda que nos une. Sería un grave error. Lo del error se dice como si con el mero acto de comeros el hocico se desatara un maremagnum de destrucción y el mundo entero se fuera al garete, rollo Deep Impact y todas esas americanadas de mierda. Y es que, reconozcámoslo, de entre todas las excusas que se usan habitualmente (que son muchísimas) ésta es una de las que todavía goza de cierta credibilidad. Eso sí, no hay que usarla a la ligera, que yo conozco a uno que fueron a besarle y que dijo la frase de marras y el tío le contestó: “Pero qué dices, si nos conocemos desde hace diez minutos y sólo hemos hablado de porno gay”. A lo que él alegó: “Pero es que eres tan majo que se te coge cariño enseguida...”.
Es que es así: hay gente que tiene delimitado de forma clara y meridiana los conceptos de amor y de amistad. Suelen decir: “hay una línea muy nítida que los separa”. Yo, me perdonen, por más que mire al suelo no veo dónde narices está esa línea, pero al parecer, en su mundo de las ideas, existe y es como un muro. Vamos, que, aunque les guste un maromo, si se llevan de puta madre, automáticamente le cambian la etiqueta y le ponen la de “amigo superchuli”. Y ahí ya no hay nada más que hacer. Es que como me llevo tan bien con él y congeniamos tanto, y nos compenetramos y tenemos los mismos gustos y pretensiones y coincidimos en todo, he decidido que, aunque me lo follaría salvaje y violentamente en un motel de carretera hasta que nos expatriaran por contaminación acústica, vamos a ser sólo amigos. ¿Perdona? Pues sí. Amigos. Y no amigos con derecho a eyaculación. Nada. Ni unas pajillas.
Yo es que esto de la línea no lo veo claro. Porque, sí, seré muy idealista y hasta a alguno que otro le pareceré ridículo, pero se supone que lo que se tiene con una pareja es, en parte, parecido a una amistad. Al menos es el ideal de relación que yo sostengo en mi mente. Y viceversa, claro, que aparte de ser un grupo de música nefasto de hace 150 años, significa que lo que tienes con tus amigos debe ser muy parecido que lo que se tiene con la pareja. Y no estoy hablando del metesaca, que ya os estoy viendo venir. A mi entender, las relaciones afectivas sanas, sinceras y duraderas deben contener sinceridad, comprensión, cariño, dulzura, conjunción de caracteres, tiempo juntos, cierta entrega, empatía, amor, admiración, igualdad de poder... Y me da igual si estamos hablando de amor o de amistad. Es decir, yo entiendo que con mis amigos de verdad puedo sentirme cómodo, que me van a escuchar, que me van a aceptar tal y como soy, que nos vamos a divertir, que nos vamos a contar las penas y ponernos metafísicos cuando encarte, que no me van a tratar con condescendencia, que no me van a manipular, que van a actuar conmigo de buena fe, que no me van a mirar por encima del hombro ni me van a tratar como si fueran mejores que yo... Coño, lo mismito, lo mismito, que le pido a mi novio, con la diferencia de que el enamoramiento con mi novio es más pasional y que con mis amigos no me revuelco en un granero (chica, tradicional que es uno).
Sí que es cierto que lo de darte cuenta de que te has pillado de un amigo tuyo de hace veintisiete años es una putada. Y no sólo porque tengas erecciones cuando estás junto a él viendo una película de Haneke, sino porque es muy fácil que peligre la amistad en el caso de que finalmente pase algo entre vosotros y terminéis como el Rosario de la Aurora. Queridas lectores, hay que tener muy en cuenta que, como ya hemos señalado, para determinadas personas el amor y la amistad son cosa taco de distintas. ¿Qué quiere decir esto? Pues que a lo mejor tu amigo como amigo es un tío de puta madre, pero como novio es un cabrón de agárrate y no te menees que te hace la vida imposible. Esto pasa mucho, da igual cuánto intentes entenderlo: en su mente, todo es muy diferente.
Total, que yo desde aquí, quiero animar a todo el mundo a que cuando conozca a alguien que le mole cultive su relación con normalidad, aunque esta se parezca mucho a una amistad. Al final lo que tenga que ser, será: si tenéis que acabar con los tobillos detrás de las orejas, lo haréis. Y si no, pues no. Todo consiste en dejarse llevar. Hay amigos que se hacen novios para toda la vida e incluso hay novios que se hacen amigos para siempre. Pero haya lo que haya, lo fundamental es tener una buena base. Al final, amor y amistad se parecen mucho más de lo que nos gusta pensar. Muy al contrario de lo que parece, llevarte igual de puta madre con tu pareja que con tus amigos no es malo. Es más, debería ser lo normal.
Fuente: Universo Gay










