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14 de marzo de 2012

“Aunque me haya casado, no pude escapar de mi homosexualidad”

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Es una historia que da cuenta de una esencia, de algo fuerte que no se puede negar, ni torcer por más empeño que uno le ponga, por más amor a los padres, por más que se rece mucho o se consulte a psiquiatras.

El diario El País, de España, hace unos días publicó la vida del soldado Jonathan Mills, de 27 años, que confiesa: “Aunque me haya casado y alistado a las Fuerzas Armadas, no pude escapar de mi homosexualidad”.

Comparto con ustedes este fragmento de vida porque la historia no resulta extraña entre las que leemos a diario. Algunos, intentan la milicia; otros, el seminario u otro espacio que tenga a mano para no hacerse cargo de su orientación sexual, pero, como bien reconoce Jonathan en un momento de su relato, cuánto mejor hubiese sido asumirse antes, sin pedir permiso a los demás, que, además de rechazar su vida, lo juzgan como si fueran sus dueños.

Esta es la historia de quien fue uno de los primeros soldados de EE.UU. en revelar su homosexualidad. Tal cual la publicó el periodista David Alandete, de El País.




“Herí tanto a mis padres por ser gay que decidí casarme”

“Sobre cada montaña siempre hay un camino, aunque no se vea desde el valle”. Ese es el mensaje que aparece en el interior de una galleta de la suerte cuando el soldado Jonathan Mills, de 27 años, la abre al término de nuestra comida. Es un proverbio que refleja en parte la intensa vida de este joven que se alistó en las Fuerzas Armadas en 2004, en parte para apoyar a su país en la guerra de Irak, y por otra para huir de su homosexualidad y de un matrimonio que no funcionaba. En el Ejército se encontró a sí mismo y dejó de vivir una mentira.

Llega con puntualidad militar y no se muestra quisquilloso con el restaurante. “Si comes lo que te sirven en el Ejército, puedes comer de todo”, bromea. Sugiere que sea tailandés. “Cualquier cosa menos sushi”, añade. Acabamos en un local asiático, apurados por una temperatura bajo cero. Hoy, Jonathan es un joven a quien se ve orgulloso de su patria y de su sexualidad. Colocó su grano de arena para acabar con una discriminación que, según él explica, perjudicaba al propio Ejército.

“En realidad intenté salir del armario en el instituto. Se lo dije a mis padres, que son religiosos. Les afectó muchísimo. Dijeron que era el resultado de no haber rezado lo suficiente. Me pusieron en terapia para eliminar la homosexualidad. Les vi devastados y decidí casarme con mi novia del instituto. Ella sabía por qué estaba en terapia”, explica. Ambos tuvieron una hija. Finalmente, Jonathan decidió alistarse. “Fue una vía de escape para huir de mi matrimonio, y de una vida que no funcionaba”.

El, su hija y un sueño 


Jonathan es ahora técnico de comunicaciones de la Fuerza Aérea en la base de Anacostia Bolling, aquí en Washington. Ve a su hija dos veces al año y espera poder llevarla a la marcha del orgullo gay el próximo verano. En su tiempo libre, escribe de forma gratuita para la revista OutServe, dedicada al público gay militar, y de la que es editor ejecutivo. En ella escribió, firmando solo con una inicial y su apellido, cuando se prohibía a los gays servir abiertamente.


Extremadamente educado, Jonathan no se las da de héroe, aunque para muchos lo es por partida doble. Primero porque sirvió en Afganistán en 2007. Y, segundo, porque el día 20, cuando el Pentágono suprimió formalmente la norma contra los gays, escribió en Facebook: “Soy gay. Eso es todo”. Horas después estaba en el Capitolio, rodeado de senadores, para conmemorar formalmente el final de 18 años de discriminación.

“En principio, esa ley me protegió, porque yo huía de mi sexualidad. Me vino bien servir en silencio, dejando de lado mi matrimonio”, explica. “Pronto me di cuenta de que lo que estaban haciendo era dañino para mí, para mi mujer y para mi hija”. Hoy se lleva bien con su ex – esposa, que ha sido tolerante. Sus padres y hermanos aún no le aceptan. Creen que cedió ante la debilidad. “Son muy religiosos. No lo entienden”, explica.

En toda la conversación, Jonathan sólo se detiene ante una pregunta. ¿Hay algo de lo que se arrepienta en este largo camino, desde su Misisipi natal a ser la cara de un cambio generacional? “Podría decir que me arrepiento de no haber revelado mi sexualidad antes. Pero lo cierto es que lo intenté en el instituto, al contárselo a mi familia. Y en todo este camino, encontré algo tan valioso como mi hija”. Idealista, ahora se marca un nuevo objetivo: “Que se permita en el futuro a los transexuales ser parte de las Fuerzas Armadas”.






Fuente: Boquitas Pintadas

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