
—¿Y entonces qué tal te va?
—Pues mira, me va genial. No, no he encontrado trabajo ni nada que se le parezca y, desgraciadamente, sigo utilizando mi título universitario como alfombrilla para que se acueste el gato. Pero, mira, te lo voy a contar en confianza. La razón de mi alegría es que estoy con un tío genial. Es estupendo. Llevamos dos meses quedando y ya vamos en serio y todo.
—Anda ya, eso cómo va a ser. ¿Pero es gay? ¿Gay, gay, gay, gay?
—Sí. De pura cepa. Todamente maricón.
—Eso no puede ser, si los gays sólo copulan como conejos, nunca tienen relaciones estables. ¿Cómo va a ir en serio siendo marica?
—Pues es un tío estupendo. No tiene ni una sola pega. Es guapo, simpático, divertido, amable, inteligente, ingenioso, con trabajo estable y piso propio... Y tiene un pollón.
—Vamos, que te ha tocado el gordo... O la gorda. ¡No sabes cuánto me alegro por ti! ¡Qué maravilla! Vamos a pedirnos otro chupito de agua para celebrarlo. A todo esto, ¿cómo lo conociste?
—Por internet, a través de un chat.
—...
Y entonces pasa una planta rodadora del desierto y un halcón milenario se posa en medio de la mesa a bailar una sardana mientras un elefante rosa volador canta una de los Panchos.
¿A que te suena, tía? Seguro que sí. Estoy convencido de que alguna vez has ligado por internet y, al coméntarselo a tus amigos, estos te han mirado con la carita doblada, como sintiendo mucha lástima por ti, como si te hiciera falta ayuda psiquiátrica urgente; incluso alguna vez te han apuntado en una servilleta el número del Teléfono de la Esperanza. O, peor, te han mirado con cierto asco y desprecio, como si ligar por internet fuera equivalente a maltratar a un gatito o a acostarte con Paquirrín. Un drama. ¡Arrepiéntete, mariquita sórdida y criminal que liga en la red!
Esta situación es de lo más frecuente. Incluso cuando ya es más que evidente que internet y las redes sociales forman parte de nuestra vida de un modo implacable y aun cuando nuestros ordenadores y teléfonos móviles echan humo como consecuencia de nuestra actividad en las redes sociales y en los servicios de mensajería instantánea, lo de ligar a través de red continúa despertando cierta pelusilla. Como que da reparo, ¿sabes? Y es que a muchos de tus amigos puede parecerle maravilloso que encuentres un novio como San Palomo Cojo manda y que por fin forniques todas las noches salvaje y desenfrenadamente al abrigo de un “te amo”, siempre y cuando esa persona no haya llegado a tu vida a través de un chat o de un perfil de ligoteo.
Por supuesto, tus amigos no te lo dicen directamente sino que, muy finos ellos, disimulan mediante una sonrisa falsa, cara de oler mierda en un palito y un “qué bien” que es menos auténtico que la nariz de Belén Esteban y Cher en sí misma. Pero lo peor no es cuando les explicas que estás de puta madre con el tío que has conocido en el chat, sino cuando llegas y dices que estás fatal porque el tío te ha dejado, ha salido mal o te ha puesto unos cuernos que un alce a tu lado se sentiría estafado por la biología. En este caso, lo primero que te dirán tus amigos será: “es que de internet no puede salir nada bueno. Si conocieras a los tíos de manera normal...”. Porque, claro, si hubieras conocido a Fulanito de manera normal, la relación no se habría roto ni habría salido mal, habría durado toda la puñetera vida, forever enever. Y, a todo esto, ¿qué es lo normal? ¿Emborracharte y entrarles a los tíos en un bar de ambiente? ¿Poner un anuncio en el teletexto? ¿Correr desnudo por la calle agitando tus calzoncillos sobre la cabeza y portando un cartel que diga rózate conmigo, soy superguay, te lo juro por Snoopy?
Y es que a un a día de hoy se continúan manteniendo ciertos estereotipos sobre la red que fueron propagados desde tiempos inmemoriales (o sea, hace unos veinte años o así) por el temor que se desató ante los nuevos modos de relación que se desprendían del nuevo medio. A saber:
-En internet todo el mundo miente. Todos hemos visto esas viñetas de humor y esos hilos argumentales de determinadas series y películas en los cuales un señor de unos 150 años se hace pasar por un chico de 20 y una tipa más fea que una canción de Melendi asegura ser modelo de pasarela y tener un tipazo mientras hablan en un chat. Ja, ja y ja, venga todos a reírse. Como no pueden interactuar cara a cara, aprovechan para mentirse. Y tú encima vas y te lo crees. Ya te vale, mira que conocer gente en internet, cuando todo el mundo puede mentirte, ¡atontao! Porque, claro, todos sabemos que en el mundo de a pie la gente es supersincera y nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia suelta una mentira. Es que es salir a la calle y encontrarte a una persona honesta tras otra. Y venga honestidad, y venga honestidad. ¡Un no parar! Nunca vas a conocer a un tío en un bar, en la charcutería del Mercadona o en una biblioteca que te suelte una mentira, ya sea para llevarte al catre o por puro placer de inventarse una doble vida (chico, la gente tiene aficiones rarísimas, que te lo digo yo). Las personas de la calle son incapaces de quedarse contigo, porque tienen muchos principios y valores y son la mar de empáticos y altruistas (tiempo para risas).
-Internet es para gente desesperada y raruna. Esta gente que, claro, como es deforme y directamente horrenda físicamente, o está loca, o tiene problemas mentales, o tiene menos habilidades sociales que un gato de escayola, no puede relacionarse cara a cara con gente normal y acude a Internet. Esta creencia está de lo más extendida y no son pocos los que afirman a boca llena que la red está repleta de feos y de tarados. Yo me estroncio de la risa cuando realizan semejante afirmación, porque si ellos supieran que esos feos y esos tarados son los mismos, los mismitos exactamente, que uno puede encontrar todos los días en cualquier sitio... Porque, veréis, esa gente fea, deforme, loca y tímida también tiene vida y sale a la calle, y tienen trabajo, y nos atienden en la farmacia, en el supermercado, en el sex shop y hasta en la peluquería tijera en mano. O sea, personas de lo más normales y cotidianas con las que te relacionas normalmente sin ningún tipo de pudor o juicio predeterminado. Sin ir más lejos, el otro día entré en un bar de ambiente y cuando me vine a dar cuenta la mitad de los que estaban allí tenían perfiles en Internet e incluso se habían colocado por inercia en el mismo orden en el que aparecían sus perfiles en el buscador.
-Internet está lleno de gente salida y todo el mundo va a lo que va. Porque, claro, ese tío que te mira el culo descaradamente en una cafetería mientras se tapa la erección con un periódico y te pregunta qué haces esta tarde quiere vivir un romance de los de película de Meg Ryan y desea visceralmente, así, por tu cara bonita, conocerte profundamente, saber lo que piensas y sientes sobre la vida, tus aspiraciones, tus sueños, tus traumas de la infancia, tus expectativas, la historia de tu familia, las anécdotas sobre tus hermanos, lo que supuso para ti haber hallado el primer pelillo en los huevos... En defnitiva, todo lo que te concierne y afecta. En absoluto está imaginando cómo te empotra contra los azulejos del cuarto de baño más cercano mientras te llama al oído papito seguido de una marranada para largarse tras haber eyaculado antes incluso de que te hayas corrido tú también. Qué va, él quiere vivir el amor verdadero, la gente de internet sólo quiero follar. Pero qué cantidad de guarros en la www, tía...
-A través de la red sólo pueden mantenerse relaciones superficiales. Y es verdad. Es mucho más sano intentar entablar conversación a las tres de la mañana en medio de un bar de ambiente con un tipo que lleva en el cuerpo seis copas de vino, cuatro gin tonics y dos chupitos de tequila mientras la voz de Lady Gaga y su melódica música te perforan los oídos y apenas logras entender una palabra de cada doce, al tiempo que un tipo a tu lado canta a voz en grito y baila como si se hubiera escapado del casting de Fama, y mientras seis personas, dos mosquitos y una cucaracha te empujan porque han decidido que el mejor camino para llegar al baño es, precisamente, el que pasa justo por la puñetera baldosa en la que estás tú. Mucho más profundo que sentado en casa relajado, tomándote una infusión, escuchando a Norah Jones y frente a una pantalla en la que escribir lo que te dé la real gana, dónde va a parar...
Total, que por si no ha quedado bastante claro, yo creo que a día de hoy ponerse en contra del hecho de conocer gente a través de internet es una soberana tontería. Hay que aceptar que se ha convertido en un ámbito tan cotidiano como otro cualquiera. Y es cierto que puedes llevarte muchas decepciones, como en el mundo de a pie. Y como en el mundo de a pie, también puedes llevarte alguna que otra sorpresa.
Fuente: Universo Gay










