
“Tener una orientación sexual lesbiana, gay o bisexual no es una enfermedad. No existe evidencia científica de que ningún tipo de terapia se haya mostrado realmente efectiva para cambiar la orientación sexual de una persona. Los esfuerzos para cambiar la orientación sexual pueden ser además peligrosos. Los riesgos incluyen (aunque no solo) depresión, ansiedad y comportamiento autodestructivo. Asociaciones médicas y psicológicas que se oponen a este tipo de tratamientos incluyen la Asociación Médica Americana, la Asociación Americana de Psicología, la Asociación Americana de Psiquiatría, La Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, la Asociación Americana de Counseling, la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Americana para la Terapia Matrimonial y de Familia“, será el texto que deberá incluir obligatoriamente dicho consentimiento informado en caso de que el proyecto sea finalmente aprobado por la legislatura de California, controlada por los demócratas en sus dos cámaras. Según fuentes próximas al Gobernador, el también demócrata Jerry Brown, este firmará sin problema alguno la ley en caso de llegar a su despacho.
El proyecto de ley (SB 1172), promovido por el senador Ted Lieu y el grupo de defensa de los derechos civiles Equality California, busca proteger a las personas homosexuales o bisexuales que presentan dificultades de aceptación de su propia orientación, un colectivo especialmente vulnerable a las manipulaciones emocionales de los sectores homófobos que insisten en presentar la homosexualidad como una disfunción psicológica que es posible corregir. Como era previsible, el proyecto cuenta con la feroz oposición de organizaciones homófobas como la National Association for the Research and Therapy of Homosexuality (NARTH), una organización que precisamente promueve este tipo de “terapias”, y que considera el proyecto un un ataque tanto a la “libertad individual” como a la “libertad religiosa”.
Psiquiatra que en su momento las consideró válidas admite su error
Se da la curiosa circunstancia de que entre los textos que ha utilizado NARTH para justificar este tipo de procedimientos se encuentra un artículo publicado en 2001 por el prestigioso psiquiatra Robert Spitzer, que tras revisar una serie de 200 casos de personas que se habían sometido a dichas “terapias” publicó que hasta un 66% de los hombres y un 44% de las mujeres referían haber conseguido una “buena funcionalidad heterosexual“. Para definir esta “buena funcionalidad” se valoraron una serie de criterios. Por ejemplo (y no es broma) que la persona no pensara en alguien de su mismo sexo más del 15% de las veces que se acostaba con alguien de distinto sexo.
El estudio recibió ya entonces fuertes críticas por la metodología utilizada. Ahora, una década después, el propio Robert Spitzer ha admitido que las críticas eran acertadas.
Fuente: Dos Manzanas










