
Delfina, que encarna el papel de Leticia, habla de su experiencia de vida en el escenario y antes de esto, cuando la actuación era sólo un sueño.
- ¿De qué trata Pitón Bebé?
- Para mí la obra es sobre el encuentro de tres personas diferentes, con vidas, anhelos, amores distintos. Cada uno armó su vida a su manera y en un día común como tantos, en un lugar normal, en la cocina de una casa, tomando unos mates puede cambiar mucho la vida de cada uno. Está bueno valorar cada momento porque no sabemos cuándo nos puede cambiar la vida, llegar eso que deseábamos, ese amor esperado, el trabajo que buscábamos.
Por otro lado, muestra que una actriz trans puede mostrar algo no estereotipado; en el caso de la obra muestra que puede tener un trabajo no ligado a la prostitución, algo que se naturalizó en el colectivo trans por la falta de oportunidades laborales. De alguna forma, en esta obra hay una doble militancia: como persona trans tengo lugar como actriz y, a la vez, con este papel mostramos que no somos sólo prostitutas, que podemos postularnos para un puesto en una empresa importante y quedar seleccionadas por nuestras capacidades.
- ¿Cómo llegaste a ser actriz?
- Me vinculé primero con la danza. Yo me crié en Avellaneda y ahí iba a centros culturales: hice tango, clásica, jazz. Desde los 15 me empecé a interesar por el teatro y ya no lo abandoné, aunque lo fui combinando con la danza.
A los 16 estudié en la escuela de Liliana Belfiore, ella fue primera bailarina del Colón; también hice seminarios, estuve en la escuela de Reina Reech.
A los 17 el teatro se hizo más fuerte. Siento que es lo que me da felicidad, me relaja, me siento completa. Ponerse en el lugar de otro nos hace más tolerantes.

- ¿Cómo fue tu despertar trans?
- A los 17 decidí ser mujer. Lo sentí desde chica, pero en la adolescencia me asumí por completo. Empecé a aprender a ser mujer. Soy observadora de todo. Ahora más, y me sirve mucho como actriz: observo al otro, sólo así uno puede ponerse en la piel de otra persona, de su historia y su vida. Se aprende mucho a conocer a la gente.
- ¿Tuviste que irte de tu casa al asumir tu identidad?
- No me fui por mi familia, me fui a los 17 a Mar del Plata a vivir con mi novio porque me enamoré. Me fui por amor. Soy hija única y a mi mamá, sobre todo, le costó muchísimo aceptarme con mis cambios. Con el tiempo ellos estuvieron acompañando. Además, cuando decidí ser completamente una mujer lo que cambió fue mi imagen, mi ropa, mi peinado, pero no cambió mi esencia, mi personalidad. Yo seguí con los mismos valores, las ganas de crecer y progresar que ellos me habían inculcado. Hasta que lograron ver eso fue difícil. Luego nos acercamos otra vez. Hoy con mi mamá somos como hermanas y vivo con mis abuelos.
- ¿De qué vivís?
Me quiero dedicar a esto, al teatro, pero por ahora no puedo vivir de esto. Me las arreglo haciendo diseño de vestuarios para shows, trabajo con vestuaristas; los fines de semana también soy cajera en un bar y hago shows cuando me contratan.
- ¿Creés que mejoraron las condiciones laborales para las personas trans?
- No, sigue siendo muy difícil lo laboral. Hay algo más de aceptación desde que se aprobó la ley de matrimonio igualitario y se lucha por la ley de identidad de género, pero la inclusión laboral no está, no es real, salvo raras excepciones. Te lo digo porque me consta: voy a buscar trabajo y se siente la discriminación, que te van a llamar y nunca pasa. Eso te genera un miedo que hay que vencer cada vez. Es difícil no acobardarse.
El director de la obra, Martín Marcou, dice: “Soy sensible a las distancias, las conozco, las he padecido, estoy aprendiendo de ellas. He sentido dependencias extremas, apegos que me lastimaron y la íntima necesidad de que los demás actúen como si solo yo existiera. Tal vez la gran pregunta de mi vida hasta acá ha sido: ¿Cómo existir en el corazón de los demás? Escribo obras porque son mi estrategia de supervivencia, parte de mi alimento afectivo, mi modo de encontrar compañías. Pitón Bebé está dedicada a la honda melancolía que he adivinado en los ojos de las chicas travestis, está ofrendada a su lucha por conquistar sus dignidades y trascender sus historias muchas veces truncas. Mientras mi corazón va al galope, sigo creyendo que un encuentro te puedo salvar la vida”.
¿Dónde ver la obra? Todos los viernes a las 23 en el Teatro La Tertulia, Gallo 826, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Fuente: Boquitas Pintadas











Esta nota en lo personal, me dio mucho gusto ponerla, ya que demuestra que pueden hacer algo mas que solo ejercer la prostitución. Pueden trabajar de lo que quieran y este es un claro ejemplo. Y digno de felicitar!
ResponderEliminarEs un ejemplo para todos aquellos que piensan que si sos trabesti solo estas destinada a ejercer la prostitución.
Espero que sirva de algo esta nota y que abra un poco mas la mente a mas de uno...
Un abrazo a todos.