
Mariquitusos, bollichachis y otros seres de Maricalandia, estamos de enhorabuena. No, no se han incendiado las instalaciones de Intereconomía y vamos a tener que prescindir de su estupenda programación y de sus no menos valiosas y maravillosas opiniones que tienen de objetividad periodística lo que Lady Gaga de sencilla. El 17 de este mes es el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. ¿Qué qué es eso? Pues es muy sencillo, un día que lucha contra esos seres malos que se dedican a hacernos la vida imposible a nosotros, que tan tranquilicos estamos aquí copulando con quien nos da la gana.
Esto no sería necesario en un mundo ideal, ese al que cantaban Aladdín y Yasmin encima de una alfombra (os recuerdo la canción, pero tenéis que cantarla mentalmente: Un mundo ideaaaaaal, un mundo en el que tú y yo podamos decidir cómo vivir sin nadie que lo impidaaaaaa… Qué bonito, jo, tía, snif, snif). En un mundo ideal las personas no tendríamos la absurda pulsión de destruirnos las unas a las otras por tonterías como la raza, el sexo, la orientación sexual, la religión o el número de conciertos de Mónica Naranjo al que hallamos asistido. En un mundo ideal nos daríamos cuenta de que todos viajamos en el mismo barco y que no nos hace falta vomitarnos continuamente unos encima de los otros para sentirnos bien, que para eso hay otras cosas como comer fruta y hacer deporte.
Pero el mundo es el que es y parece que hay mucha gente por ahí que no se ha enterado todavía de qué es la homosexualidad. Porque, a ver, nosotros lo sabemos perfectamente porque somos mariquitas y bollichachis, pero yo me quedo ojiplático y cariacontecido con las cosas que dice la gente de nosotros: que si somos esto, que si somos aquello... Mira que lo hemos explicado veces, hasta un croquis he hecho yo alguna vez:
Homosexualidad:
Hombres que se acuestan con otros hombres. (Pilila con pilila y nada más).
Mujeres que se cepillan a otras mujeres. (Chumino con chumino y nada más).
¿A que está clarito? Pues nada, que no hay manera. Por eso he venido yo: para salvar al mundo. Y para ello me he ataviado con unos tacones, unas mayas rosas y unos slips celestes por encima (¿como Madonna en el Hung Up? Exacto, igualito, incluso me pongo la pierna por detrás del cuello y todo), para explicar a toda esa panda de cenutrios cortos de entendederas, faltos de neuronas y obtusos de profesión qué no es ser homosexual, a ver si así lo entienden o algo y se dedican a otros propósitos distintos a cercenar los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, como por ejemplo hacer sombras chinescas, que dicen que es muy bonito de contemplar y relaja una barbaridad.
La homosexualidad no es:
-Ser pederasta. Vamos a ver, corazones, que ni los mariquitas ni las lesbianas nos dedicamos a agasajar y acosar a niños para seducirlos y llevárnoslos al catre, que no vamos por las guarderías y los colegios invitando a los niños a unirse a una bacanal de sexo oscuro ni nada de eso, qué va. Bastante tenemos con sudar la gota gorda para pagarnos el bono del metro o el billete de cercanías, que a este paso a quienes vamos a tener que acosar es a los revisores de RENFE, oiga, a ver si haciéndoles un favor nos regalan unos viajes gratis o algo. O sea, que ser homosexual no es sinónimo de que te guste pervertir niños o de que te atraigan los jovencitos y jovencitas menores de edad. Eso es ser cura, que es muy diferente. Bueno, no todos, sólo el taitantos por ciento. Seguro que más que maricones y bolleras, desde luego. En cualquier caso y para evitar futuras confusiones:
A los gays les gustan los hombres, no los niños.
A las lesbianas les gustan las mujeres, no las niñas.
Y la "eme" con la "a"... ma.
-Como la zoofilia. Esto es que es muy gracioso. Hay algún que otro lumbreras con menos neuronas que una polla de plástico que asemeja la homosexualidad a tener relaciones sexuales con animales. De entrada, a mí me gustaría argumentar que una persona no es lo mismo que un gato, un caballo o una mantis religiosa. No sé si os habéis dado cuenta, pero son como diferentes, ¿sabéis? Que cuando decimos que nos hemos enrollado con algún cerdo, alguna que otra perra y alguna que otra zorra o que nos comimos un pájaro o un conejo y luego nos corrimos del gusto no nos estamos refiriendo a eso… Ay, si es que hay que explicarlo todo, qué inocentes son estos señores que hablan de zoofilia, que se lo toman todo al pie de la letra. Anda, tontos, que nosotros lo que hacemos es follar con personas, de carne y hueso (bueno, y a veces de plástico, pero como los heteros).
-Comer pollas a destajo. Que sí, que hay mucha gente que se piensa que esto de ser gay es un no parar de follar, Sodoma y Gomera, que somos la mar de promiscuos y todo eso. Vamos, que es que se piensan que en cuanto uno reconoce que es gay automáticamente se le llena la boca de pollas y se sitúa en medio de un bukkake por ciencia infusa como rito de iniciación. Y qué va, ¿eh? Los gays y las lesbianas también podemos pasarnos meses y años sin comernos una rosca, que con el carné de marica no viene el de ser más puta que las gallinas y echar seis polvos cada media hora. O, por lo menos, a mí no me lo dieron, chica, y eso que yo hice cola delante de la ventanilla como todas y he preguntado seis veces en el registro civil por si me lo tenían guardado para que fuera a recogerlo.
-Tener un problema con las personas del otro sexo. Ni misoginia, ni androfobia. Que mira, que no, que uno no se hace de la acera de enfrente porque sienta repulsión por las personas del sexo contrario. Uno es homosexual porque le gustan las personas de su mismo sexo como podría gustarle comer nocilla los domingos por la mañana: una cuestión meramente de preferencias personales. Como mucho se siente repulsión por Rouco Varela, pero esto independientemente de que sea hombre, mujer o engendro. Es una cosa natural.
-Un desorden moral. Que mira, que una cosa que te iba yo a decir, que los gays no tenemos hábitos relajados y estamos apartados de las costumbres sociales ni nada de eso. Es más, los gays y las lesbianas, a pesar de lo que mucha gente cree, somos igual de pringados que los heteros, nos recortan la Sanidad y la Educación igual, nos suben los impuestos lo mismo y nos las vemos igual de canutas para llegar a fin de mes. Y, por supuesto, no nos gastamos el dinero en orgías y dildos dignos de salir en “Megaconstrucciones” ni en hacer ritos satánicos; no por nada, sino porque aunque quisiéramos la mierda que cobramos no nos llega. Fíjate. Entre irnos de cena con los amigos y gastarnos la pasta en sacrificar una virgen en un altar, preferimos lo primero. Y luego nos llaman raros.
-Una enfermedad mental. La OMS sacó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales el 17 de mayo de 1990 y tras 22 años todavía hay quienes se empeñan en hacernos creer que estamos enfermos por una cosa tan nimia como sentirnos atraídos por hombres en lugar de mujeres o por mujeres en lugar de hombres. La homosexualidad no es una enfermedad, no es una patología. Una persona que desea a otras personas de su mismo sexo no tiene un problema biológico, una desviación o un desorden mental, del mismo modo que ni los negros, ni las mujeres, ni los judíos, ni los moros, ni las personas bajitas, ni los periodistas lo tienen, a pesar de lo que hayan intentado hacernos creer durante siglos. Los homosexuales estamos estigmatizados, pero el estigma no es una enfermedad intrínseca de la persona, sino un hándicap social, una enfermedad inventada que les sirve a unos para discriminar a otros sin más motivo o razones que sentirse superiores. Un homosexual no está mal de la cabeza ni tiene una tara psicológica: lo que tiene es un problema social porque el mundo que le rodea, muchas de las personas que forman parte de su entorno y las estructuras que condicionan su vida se empeñan en empujarle hacia la infelicidad por lo que es.
Por si no ha quedado lo suficientemente claro durante todos estos años, la homosexualidad no es una enfermedad. La homofobia y, en general, cualquier tipo de odio, estigmatización y discriminación sí.
Así que, señores tocapelotas que seguís erre que erre, en lugar de señalarnos con el dedo, ¿por qué no miráis un poco para adentro y descubrís de una vez que el verdadero problema reside dentro de vosotros?
Fuente: Universo Gay










