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2 de mayo de 2012

Una transexual jujeña, con DNI de mujer

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Nadir Cardozo se vuelve puro lenguaje. “Nadir significa puesta de sol, el ocaso. Es lo contrario del amanecer. Me lo enseñó un cliente en Italia”, dice esta mujer transexual cuando conversa con nosotros acerca de su nuevo DNI, el que consiguió ahora, a los 40 años, pese a que desde los 12 supo que su cuerpo de varón no tenía nada que ver con su identidad. “Me di cuenta de que si estaba vestida de mujer me llevaba el mundo por delante; si tenía una camisa de varón bajaba la cabeza de vergüenza”.

Nadir. Su nombre. Su identidad. La que hizo propia. Parece una broma cuando relata la historia de su segundo bautismo, de este nombre ahora estampado en los documentos de esta jujeña que a los 20 años se vino con 200 pesos desde San Salvador de Jujuy a trabajar en las calles de Buenos Aires.

“Tenía 13 años y me empecé a juntar con chicas de 16 y 17; nos gustaba una novela brasileña que se llamaba Plumas y Lentejuelas, que era un grupo de chicas que estudiaban en la ciudad, todas lindas”, relata. “Mis amigas se repartieron los nombres de las protagonistas y a mí me pusieron el de la mucama, que se llamaba Nadir”. Ella al principio se enojó, se negó a llevarlo, pero mientras más se quejaba peor era. “Al fin, me resigné a que me llamaran así y después lo aprendí a amar. Ahora es mi nombre en el DNI”.

Para conseguirlo tuvo que presentarse ante la Justicia. Esta es la única vía hasta tanto se apruebe la Ley de Identidad de Género por la que se lucha con fuerza y que está próxima a salir. Nadir hace más de un año recurrió a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero (ATTTA), que se vinculó, a su vez, con la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) y la Federación Argentina LGBT, y presentaron en diciembre último cinco amparos por este tema, entre el que estaba el caso de Nadir.

“Estoy feliz, plena, contenta, ¡qué puedo decirte! Nunca soñé con poder usar legalmente este nombre”, dice. Y, con éste, van dos sueños cumplidos. El otro era poder operarse, algo que consiguió luego de años de trabajar en Europa, donde viajó en 2001 escapando de la crisis de la Argentina. Allá pudo ahorrar y así viajar para someterse a la reasignación quirúrgica de cambio de sexo. “Fui a Tailandia, el país más popular en el mundo de las chicas trans europeas y americanas. Ahí cumplí otro sueño incalculable, porque para mí la operación era más difícil que viajar a la luna”, bromea. Se refiere al costo de la operación y de la presión de la sociedad.



Hay sueños cumplidos y otros pendientes. La inclusión laboral es uno de estos últimos. Pese a que terminó el secundario, hace más de 20 años que está condenada a trabajar en la calle. “Me cansé de ofrecerme en tiendas de ropa para atención al público o en salones de estética. Te toman la entrevista pero notás que se ríen por lo bajo. Te dicen que te van a llamar. Eso no pasa nunca”.

Sin embargo, Nadir es optimista. Cree que algo “amanece” en la sociedad argentina. No se detiene en el juego hipócrita de quienes la condenan de día impidiéndole un trabajo digno pero la buscan por sexo pago en la oscuridad de la calle. Lo vive, lo padece a diario pero no se detiene allí. Más bien dice: “La sociedad ya va a ir cambiando de a poco. Quizá lo vean otras generaciones, después de la nuestra, pero se avanzó mucho”. Y compara: “Cuando me vine de Jujuy, ser travesti era sinónimo exclusivo de prostitución y drogas; hoy, hay compañeras que trabajan de otras cosas y emociona ver que los diputados hablen de nosotras como ciudadanas a tener en cuenta”.

Es la primera vez, dice, que empieza a sentirse ciudadana argentina.



Fuente: Boquitas Pintadas

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