Muchos homosexuales creen que cuando otro hombre de la misma orientación sexual los invita a tomar un café, es con una meta específica: consumar el acto sexual. Pero no siempre es así. Hay quienes sólo desean mantener una conversación amena.“Te invito a tomar un café en mi apartamento” podría sonar a una invitación bastante sugestiva y con un alto sentido sexual. “¿Qué vas a hacer por la tarde? Te invito a comer a mi casa, es que estaré solo”, del mismo modo podría sugerirnos situaciones eróticas. Y quizá la mente comience a imaginarse y crear supuestos que no tienen la calidad de una realidad certera.
Al paso de los años, las relaciones homosexuales se han tornado como una unión sexual únicamente. La amistad, y hasta el compañerismo, son también las relaciones que sabemos forjar los homosexuales. No tiene por qué estar siempre enlazado al acto sexual. Hay eslabones mucho más duraderos que un encuentro ocasional.
Cuando la invitación proviene de un encuentro fortuito, llámesele por trabajo o la novatez de la escuela, conviene pensar que habrá un encuentro íntimo, sexual. Tampoco se vale pensar que ya se “ligo” al individuo en cuestión.
Tan poco es el valor del ser humano, que cree que su cuerpo es un utensilio a disposición de los demás. Y aunque esa invitación no esté cargada de sensaciones sexuales, se piensa que es así por el valor tan insuficiente que se tiene como ser humano.
Muchos de los homosexuales se aburren cuando la conquista en puerta se demora en dar un paso más allá del pleno conocimiento. Creen que no los llevará a nada bueno porque no ha querido besarse en la primera cita. O prefiere que exista un poco más de acercamiento sin sexo, es decir, que se conozcan más.
Y no, no estoy hablando de emplear un modelo mojigato de una relación homosexual o mimética a la heterosexual. Sino que, el atrevimiento de pensar que el homosexual sólo sirve para tener encuentros sexuales con cuanto tipo se le atraviese en el camino, le hace daño a todos los demás. Somos un sector, y por ende nos califican por igual… similar en un mal aspecto. Y no es así.
No queremos ser parte de las estadísticas, pero siempre haremos lo posible para formar parte de ellas (de alguna u otra forma). Porque nos han dicho hasta el cansancio que las parejas homosexuales somos parte de un enorme número de inestabilidad. Nos han señalado como personas incapaces de sostener una relación duradera. Que somos promiscuos. Puesto que no es lo mismo mantenerse atado a alguien, que desear atarse a muchos individuos.
Si bien, en las relaciones heterosexuales la estabilidad la refieren, muchas veces, con no divorciarse, a pesar de vivir en desacuerdo totalmente, de no congeniar más, de infectar a su compañero o compañera con alguna Infección de Transmisión Sexual (ITS) porque no fueron lo suficientemente honestos para terminar de tajo una relación ya deteriorada y dejarse de hacer daño.
Pero no queremos ser parte de un símbolo social (al menos quiero pensar que no es así), simplemente somos seres humanos con orientación sexual distinta a la heterosexual. Cuál es la diferencia sino una preferencia.
Es cierto, somos parte de esa enorme estadística. De la misma manera, somos más sensitivos y hacemos lo que queremos hacer, porque no hay una familia de por medio o un papel que nos mantenga con ataduras a ciertas personas. Somos libres, más no libertinos.
Sin embargo, no hay que confundir una relación sin futuro a relaciones promiscuas (promiscuo se define como la persona que mantiene relaciones sexuales con otras varias, del sexo opuesto o igual, así como de su comportamiento, modo de vida, acciones…). El compromiso no es con las personas, es con uno mismo. Y si no hay compromisos para con nuestra vida, cómo podemos atrevernos a pensar en comprometernos con los demás.
Es muy cierto, la vida es única y hay que aprovecharla al máximo —y soy el primero en proclamarlo—, pero con dignidad. Somos seres humanos, no animales sin razonamiento que nos rijamos por los impulsos que después nos traerán consecuencias bastante negativas. A veces realizamos acciones que cuando la factura nos cobra, ya no podemos pagar el alto precio.
Sí, me refiero a los altos costos que tenemos que pagar cuando las Infecciones de Transmisión Sexual aparecen. Porque se tiene miedo a hacerse pruebas de VIH o de cualquier otra posible enfermedad, pero no existe el miedo a manejar nuestra vida con responsabilidad.
Una invitación no significa la necesidad de acallar las sensaciones sexuales y eróticas —aunque no estoy tratando de tapar el sol con un dedo, porque la mayoría son así o fuimos así, o quieren ser así—. La madurez no es tener un empleo y ser independiente, la madurez es la forma en cómo tratamos nuestra propia vida, y somos responsables con la de los demás.
No permitamos que sigan alimentando mitos y creencias sobre la homosexualidad. Demos batalla, pero no con armas, sino con información; demos reveses no con bofetadas, sino con actos altruistas… pero hagámoslo por nosotros mismos, no para crear un sentimiento de odio disfrazado de generosidad ni de hipocresía… soseguemos las voces de odio con amor a nosotros mismos.
Fuente: Anodis










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