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7 de octubre de 2008

Discriminación en restaurant "Portezuelo" de Recoleta

3 Comentarios
Domingo al mediodía. El momento ideal para salir a pasear por la ciudad, sobre todo en un día tan lindo como el de este último domingo. Con Leandro, mi pareja, decidimos ir a almorzar afuera como un auto-regalo después de una semana de mucho trabajo y de algunos roces entre nosotros como los que tiene cualquier pareja (gay o hetero) después de más de 2 años de convivencia y casi 3 de relación.

Decidimos ir a Portezuelo, un bonito Lounge Bar en Recoleta, ubicado a una cuadra de la famosa cadena de cines y frente al cementerio, al que vamos regularmente desde hace unos 2 años. Nos gusta el lugar, el ambiente, la comida y siempre nos han tratado muy bien. Hemos ido varias veces con amigos, lo hemos recomendado, hasta los he llevado a mis padres a que lo conozcan y eso que los habré invitado a comer afuera unas tres veces en toda mi vida.

Antes de seguir, cabe la aclaración de cómo nos comportamos Leandro y yo en público. Desde que iniciamos nuestra relación, nos manejamos como cualquier otra pareja “normal”; caminamos por la calle abrazados o de la mano y si nos dan ganas, nos damos un beso y todo. Hasta el día de hoy, casi nunca recibimos mala onda de parte de la gente, salvo las miradas desaprobadoras de las señoras paquetas (católicas y de derecha) de Recoleta. Hasta hemos sido felicitados por hombres hetero, contentos de que existan “gays que son respetuosos”.

Volviendo a lo sucedido este domingo, nos dirigimos con Leandro a Portezuelo y nuestro almuerzo transcurrió como de costumbre; muy bien atendidos por la recepcionista y por la moza, muy rica la comida, todo muy lindo. Hasta que hizo su aparición en escena el encargado del lugar, quién se acercó a nuestra mesa a servirnos las bebidas; un muchacho de unos 35 años, delgado, entrecano, con un aspecto muy francés y un cierto parecido al actor de “Amélie”.

Entre bocado y bocado, nos habremos dado algún que otro beso (ningún chupón desubicado, aclaremos), algún que otro abrazo y algún que otro arrumaco, nada que ninguna otra pareja hetero hubiese dejado de hacer en un lugar público por suponer que estaban ofendiendo a alguien.

Llegado el momento de pagar la cuenta y luego de entregarle mi tarjeta de débito a la moza, nuevamente se acercó a nuestra mesa el encargado del lugar, esta vez para servirnos un trago un tanto amargo (no, no era lemoncello). “Les quería pedir si pueden evitar las expresiones de afecto porque este es un lugar donde vienen familias con chicos”, nos dijo, aunque por alguna extraña razón su mirada se clavó en la mía mientras emitía su discurso homofóbico. Yo, sin bajar la mirada y tratando de evitar vomitar espontáneamente la comida que acababa de ingerir, escuché como Leandro le soltaba su clásica “no te preocupes porque acá no volvemos más”; frase que suele utilizar cuando se siente maltratado o mal atendido en algún comercio. Para rematarla, nuestro nuevo amigo le respondió con un “mejor” y se fue. Detrás suyo, llegó la moza con su simpatía intacta, para hacerme firmar el recibo de la tarjeta de débito. Evidentemente, el encargado se había asegurado de que hubiésemos pagado la cuenta antes de darnos a entender muy sutilmente que no éramos bienvenidos en su restaurant.

Segunda aclaración, innecesaria, diría yo. Portezuelo es un local que por la zona en que está ubicado, suele ser frecuentado por turistas y por la gente “cool” de Recoleta, no se trata particularmente de un lugar con pelotero donde las madres llevan a sus hijos a comer una “cajita feliz”.

Después de la oportuna advertencia recibida por parte de este buen señor, no había más nada que pudiéramos hacer en ese momento. Como somos “gays respetuosos” (sic), simplemente nos retiramos del lugar sin hacer ningún escándalo. Por suerte, vivimos en una ciudad en la cual los gays estamos protegidos por una ley que prohíbe la discriminación por orientación o preferencia sexual y por identidad o expresión de género (articulo 1 de la Ley N° 23.592).

Si, ya sé, también existe esa regulación que se utiliza en este tipo de locales que dice que “la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia”. Sin embargo, a pesar que desde hace unos años la gente asegura que está todo bien con los gays, a pesar de esta ley que nos ampara, a pesar de que contamos con la unión civil, a pesar de que tenemos al INADI para realizar denuncias ante este tipo de situaciones, a pesar de que somos mediáticos y hasta se podría decir que “estamos de moda”, aún tenemos que tolerar este tipo de discriminación y falta de respeto en los lugares que elegimos para gastar el dinero que tanto nos cuesta ganar.

O sea que si sos gay y querés salir a comer y pasar un buen rato sin ser discriminado ni rechazado como un leproso, no elijas Portezuelo. Porque ahí no sos bienvenido.






3 Comentarios:

  1. Señores: esto es fácil, como dijo la pareja de Estéban, "acá no volvemos más"... hagamos un boca a boca de esto y no gastemos nuestro dinero en comercios que nos discriminen... no sòlo los protagonistas de la nota, sino todos nosotros, nuestro colectivo glttb discrriminemos ese lugar y no volvamos más !!!

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  2. lamentablemente, esta situaciones son más frecuentes que lo que el público supone. para mucha gente, la homosexualidad es "aceptable" como idea pero ojo con manifestarla! es allí cuando hasta el más "tolerante" muestra sus prejuicios, casi siempre citando a los niños como escusa para demandar que los homosexuales nos tapemos.

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  3. yo fui y la pase barbaro!!!!!!! este sabado pasado..y el grandote ni nos molesto ..GRACIAS!

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