Mucho se habla de la emancipación del sexo respecto al amor pero, ¿puede el amor independizarse del sexo? El debate arranca mientras emerge el movimiento asexual como cuarta orientación sexual y muchas parejas preservan el núcleo romántico y buscan la sexualidad fuera.No tiene nada que ver con la promiscuidad. Simplemente, cada vez hay más gente que acepta que es muy difícil encontrar todos los estímulos en una sola persona. El amor aspira actualmente a sobrevivir a este divorcio, pese a los esquemas tradicionales. Son personas todavía sexuales pero han perdido el apego sexual a su pareja pero no el romántico.
De hecho, este matrimonio amor-sexo, desde una visión psicoanalista, puede ser en muchas ocasiones de conveniencia y esta nueva fórmula sería más realista. El amor y el sexo están generalmente separados. Las parejas que más se aman, las que se conocieron a los doce años, fueron al liceo y a la universidad y luego se casaron, no son las que más gozan.
Muchas mujeres tienen su primer orgasmo fuera de la pareja. Después gozan con la pareja, pero primero, para tener una buena sexualidad hay que aprender a no respetar demasiado al objeto sexual.
Lo que amo y lo que deseo
Aun así, lo ideal sigue siendo poder conjugar que aquello que amo es aquello que deseo, pero eso ocurre muy pocas veces y, en esos casos, también puede tener una duración concreta.
Las consultas están llenas de parejas de enamorados que no pueden tener relaciones. Ellos se convierten en impotentes y ellas en frígidas.Más allá de los caminos divergentes que toma el amor respecto al sexo, comienza a tomar fuerza un colectivo que se reivindica como la cuarta orientación sexual: los asexuales.
Para la visión psicoanalista de Menassa, eso no existe. Separamos la sexualidad de la genitalidad. La sexualidad es un montón de cosas de la actividad del hombre y es una función vital imprescindible, rebate. Sin embargo, Bogaert, en sus estudios, analiza cómo mientras mucha gente no quiere sexo por la reacción emotiva que les provoca, también existe otra que simplemente no tiene interés ni atracción por el sexo.
El colectivo asexual, según los expertos, supone entre un 1 y un 3 por ciento de la población y muchos apuntan a sus filas a figuras como Salvador Dalí, Frédéric Chopin o Isabel I de Inglaterra. En cualquier caso, es una minoría que empieza a hacerse oír, a reivindicar su carácter no patológico y a explicar su manera de desenvolverse en un mundo sumamente sexuado.
Ellos firman claramente la declaración de independencia del amor, ya que los asexuales sí pueden sentir una atracción romántica por la otra persona y aun así no entrar en materia sexual, explica Bogaert. La pareja no siempre es asexual, por lo que el planteamiento de las relaciones íntimas es complicado y muchas veces el miembro asexual de la pareja accede a practicar el sexo puntualmente, ya que físicamente es capaz.
En cualquier caso, el colectivo asexual sigue un patrón parecido al gay en su salida del armario. Comienzan a usarse términos como el "A-Pride" (orgullo asexual) y se venden con el eslogan "Amoeba Lifestyle" (estilo de vida ameba).También muchos testimonios vertidos en la red aseguran que fue muy liberador encontrarse con gente de su misma condición tras una adolescencia en la que se sintieron excluidos entre tanta revolución hormonal.
Algún día la asexualidad estará más aceptada, pero nunca será tan poderosa como el movimiento gay por una simple razón: son menos. “Espero que sea un movimiento significativo, que se junten, compartan información y sientan proximidad", concluye Bogaert.
Fuente: Gay Magazine










