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18 de julio de 2011

Aprendiendo a ser mamás

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Fernanda y Julieta llegaron a la consulta terapéutica con una preocupación: no sabían muy bien cómo informar a su entorno familiar que querían ser madres. El psicólogo que las recibió cuenta que, desde la primera entrevista, ellas se mostraron como una sólida pareja que después de 4 años de convivencia comenzó a pensarse “como familia”.

Fernanda tiene 33 años, es profesional y con un trabajo estable. Si bien su familia es tradicional, aceptó e incorporó a su pareja y mantienen buenas relaciones con todos los integrantes del núcleo familiar.

Julieta tiene 28 años, está finalizando una carrera universitaria y tiene un empleo part-time. Su familia es más abierta y recibió la idea de un embarazo con alegría, planeando y acompañando los futuros pasos a seguir. Algo parecido ocurrió cuando dieron a conocer a sus amigos hetero y homosexuales sus deseos de maternidad.

En las sesiones, ellas y el analista trabajaron aspectos tales como quién realizaría el tratamiento de fertilización y quién portaría el embarazo: el deseo de maternidad estaba presente en ambas, no obstante, por una cuestión de “reloj biológico” acordaron que Fernanda sería la primera en engendrar.

También pensaron juntos en terapia la importancia de no fijar roles de género y funciones en la crianza. Definieron cuestiones más formales como que Fernanda solicitaría la correspondiente licencia por maternidad en su trabajo y estaría con el bebe hasta que se agotara ese tiempo; luego Julieta, cuyo trabajo era más flexible, tomaría la posta.

Con estas y otras cuestiones resueltas, Fernanda fue inseminada -se empleó su propio material genético y el semen de un donante anónimo del banco de donantes-. Nueve meses más tarde dio a luz a María. Hoy buscan su segund@ hij@.

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Traigo esta historia de Julieta y Fernanda para volver a reflexionar sobre las “familias diversas”. A partir del post Maternidad compartida publicado hace unas semanas (allí el lic. Alejandro Viedma hablaba sobre los desafíos para el psicoanálisis), el lic. en Psicología Adrián Barreiro decidió compartir su posición respecto de las maternidades no-heteronormativas.



Co- maternidades y maternidades lésbicas,

por el Lic. Adrián Barreiro (*)


Las maternidades y co-maternidades lésbicas condensan y sintetizan los grandes hitos de las discusiones sobre género, orientación sexual, sexo y reproducción del siglo XX. En efecto, la revolución sexual, la píldora anticonceptiva, los movimientos de liberación femenina y de visibilidad social de los homosexuales, los desarrollos científicos y técnicas de reproducción y los avances en materia de derechos civiles de gays y lesbianas, están plasmados en estas expresiones de la maternidad. Cuando hablo de co-maternidades lésbicas me refiero a las diversas maternidades que tienen lugar dentro de las parejas de mujeres lesbianas y, en el mismo sentido, cuando hablo de maternidades lésbicas considero a las maternidades de mujeres lesbianas sin pareja, como proyecto individual.

Asimismo, el advenimiento a la maternidad no es un proceso único y general. De hecho, se puede llegar a la misma y al ejercicio de la función a través de diferentes vías. Las posibilidades de advenimiento a la maternidad en la actualidad, y dentro de nuestro marco cultural, son tan diversas que ello refuerza la idea de pensar en plural, es decir, en maternidades. Estas formas posibles de acceso a la maternidad se engarzan a su vez en distintas configuraciones de familia, que van desde las modalidades monoparentales hasta formas ensambladas de crianza compartida, eventualmente, con un varón.

***

Pues bien, todas estas maternidades son expresión de la libertad de la que disponen las mujeres para elegir y decidir sobre su cuerpo y su sexualidad, sobre su deseo de descendencia. Por lo tanto, son también un símbolo de la ruptura de varios paradigmas asociados a la cuestión de género, de sexualidad y de reproducción. Desarticulan la lógica cultural tradicional de la mujer portadora de un cuerpo biológico en el que la maternidad y la sexualidad se entendían acotadas, anudadas, al matrimonio y/o pareja heterosexual y a un rol femenino.

A partir de allí se disparan muchos aspectos dilemáticos, algunos de los cuales no resultan ser exclusivos de estas maternidades o de las constelaciones familiares homoparentales en general (concepto más amplio en el cual también se incluyen las paternidades o co-paternidades gays, entre otras), sino que se hacen extensivos a toda organización familiar actual. Podemos preguntarnos ¿el deseo de un hij@ es propio de todo sujeto acorde a la etapa de su ciclo vital? ¿Es un mandato social, un mandato familiar o una necesidad narcisista?


Este interrogante surge fuertemente cuando hablamos de filiación en las parentalidades lésbico-gays, en otras formas posibles de organización familiar en la constelación LGBT, también en las parejas heterosexuales que recurren a la donación de gametas y fertilización médicamente asistida, en los procesos de adopción o en las mujeres sin pareja que deciden de ser madres. ¿Podría pensarse que sólo son necesarios tales interrogantes ante la configuración de estas organizaciones familiares? La pregunta no se plantea tan evidentemente cuando se trata de parejas tradicionales (heterosexuales) a menos que surja un conflicto específico vinculado con trastornos en la procreación y/o de la inserción de la pareja en un proceso de adopción.

Nuestro sistema cultural, estructurado desde la heteronormatividad, parece “exigir” a quiénes desean advenir como madres o padres, perteneciendo a la comunidad LGBT, que den cuenta de los orígenes de su deseo de hij@ y así habilitarlos o intentar deshabilitarlos para tales funciones.

Podría pensarse que el sentido de este cuestionamiento es necesario para dirimir el lugar psíquico y real que ese niñ@ tendrá en la fantasía de cada sujeto adulto o de cada miembro de la pareja y en el proyecto familiar. Pero también pienso que debería hacerse extensivo a tod@s los que se constituyen como parejas y construyen un proyecto de familia con deseos de parentalidad, independientemente de su orientación sexual o de su identidad de género. En este punto estaríamos en la línea del ejercicio de un derecho, del derecho de tod@s a ser padre o madre, a tener hij@s. La cuestión dilemática sería el estatuto de hij@ en la subjetividad de cada sujeto.

Me parece importante mencionar que el tema de las maternidades y co- maternidades (y de la homparentalidad en general), requiere, en mi opinión, de una visión ampliada, multidisciplinaria. Ello es así por cuanto se conjugan en las maternidades aspectos psicológicos, sociológicos, antropológicos y jurídicos, entre otros, que se hacen necesarios de considerar para neutralizar los sesgos ideológicos que puedan ser predominantes en un campo científico en particular a la hora de abordar los temas de la realidad.

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Debe ponerse, a mi entender, especial énfasis en la necesidad de interrogar nuestro eje cultural organizador de las relaciones humanas (fundamentalmente sexuales, de parentesco y familiares) basado en la heteronormatividad. Este último concepto, que es una construcción cultural, nos remite a la heterosexualidad como norma privilegiada. El arraigo que tiene en nuestra cultura ha llevado a la creencia de su existencia natural, fundamentalmente por su anudamiento (nuevamente cultural) a la bipartición sexual de nuestra especie. Parece ser un punto donde cultura y naturaleza se han fusionado. Las ciencias, como productos de la cultura humana, así lo han receptado en diferentes medidas hasta que comenzó a ser puesto en cuestionamiento hace algunas décadas atrás.

Tal vez allí radique el origen de la gran dificultad que presenta para much@s la aceptación, desde el sentido común y desde el conocimiento científico, de la multiplicidad de las constelaciones familiares que nos ofrece la cultura humana, más allá del modelo tradicional de mamá, papá y un cierto número de hij@s al amparo del matrimonio heterosexual.



(*) El lic Barreiro es miembro de CAPSIR-Centro Argentino de Psicología y Reproducción; e-mail: adrianfbarreiro@hotmail.com

Aclaración: Los nombres que aquí se mencionan, así como otros datos de las pacientes están cambiados por pedido del profesional que las atendió con el fin de mantener preservadas las identidades de sus ex pacientes.



Fuente: Boquitas Pintadas

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