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19 de septiembre de 2011

“Si esto pasaba en Buenos Aires, era otro caso Candela”

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“A mi hija la mataron por lesbiana”, había dicho la mamá de Natalia Pepa Gaitán justo antes de iniciarse el juicio por el asesinato de su hija. La Justicia le dio la razón: condenaron a 14 años al hombre que mató a esta chica cordobesa por su condición sexual. La abogada de la causa, Natalia Milisenda, habla por primera vez de la trastienda de este caso de odio contra la mujer lesbiana y confiesa su desilusión con el activismo LGBT: “Si esto pasaba en Buenos Aires, era otro caso Candela”.



El periodista y militante LGBT Gustavo Pecoraro, director editorial del programa radial El Vahído siguió el caso con minuciosidad.

Lo desvelaba este crimen atroz, y viajó a Córdoba hace una semana para entrevistar a Natalia Milisenda, la abogada que se puso al hombro este caso. Ahora Gustavo comparte, en exclusivo con Boquitas pintadas, este diálogo mano a mano con la valiente letrada, también lesbiana, que se jugó todo en este juicio sin precedentes. “Es la primera vez que habla después de la sentencia”, anticipa Gustavo. “Ella confiesa su experiencia de desilusión con una parte del activismo LGBT”, adelanta.

Los invito a esta entrevista extensa, pormenorizada, valiosa.

“Cuando todos y todas sintamos Pepa Gaitán

dejaremos de ser simplemente una remera con una leyenda”,


por Gustavo Pecoraro, especial para Boquitas pintadas



“Natalia PEPA Gaitán era lesbiana y fue asesinada por Daniel Torres, el padrastro de su novia Dayana. Torres no aceptaba esa relación, por lo que en reiteradas ocasiones la había amenazado de muerte y finalmente, el 6 de marzo de 2010, le disparó en presencia de la mejor amiga de Pepa, Gabi, de su novia Dayana y de la madre de ésta, Silvia, con una escopeta de caza que había pedido prestada a un vecino, dejándola gravemente herida. Murió en el Hospital de Urgencias, la madrugada del 7 de marzo de 2010″.

-¿Cómo planteaste este juicio en que pedías una condena por crimen de odio?

A nivel jurídico fue realmente un desafío el armado de nuestra estrategia. Por suerte encontré a una teórica sobre crímenes de odio que se llama María Mercedes Gómez, colombiana, que hace años viene investigando este tipo de crímenes en Latinoamérica. En uno de sus libros que utilicé como base de la estrategia, ella analiza toda la jurisprudencia en relación a los crímenes con motivaciones en la orientación sexual o en la identidad de género de las víctimas.

Realmente dar con María Mercedes fue de gran ayuda, y su colaboración determinante para darme cuenta de para dónde iba a apuntar mis dardos, y entender cómo operan los prejuicios en estos casos.

En cuanto al juicio en sí, primero íbamos a uno de los llamados abreviados. Por suerte una mala estrategia del abogado defensor de Torres (Daniel Torres asesino con una escopeta a Natalia Pepa Gaitán), no lo concreto.

Ese juicio abreviado no contemplaba todos los testigos que yo quería presentar, y era un juicio que a lo sumo dura dos horas donde se incorpora toda la prueba por su sola lectura, y se pasa a otra audiencia donde se dicta la sentencia, y donde el imputado debe reconocer su delito. La pena la arreglaba el abogado defensor con el fiscal de la causa, y yo ahí no podía ni chillar. O sea el panorama podría haber sido catastrófico si se realizaba este tipo de juicio, pero el pésimo desempeño del abogado defensor, nos evitó este problema.

-¿Daniel Torres se había declarado culpable antes del juicio?

No. Nunca. Él no habló hasta el último momento del juicio que es cuando al acusado tiene la última palabra; no es una declaración propiamente dicha, sino que habla para decir a los jueces lo que él piensa sobre lo que hizo, si está arrepentido o no, y es en ese momento final cuando reconoce el crimen. Torres pide disculpas pero utiliza el argumento de que tuvo miedo cuando mató a Pepa. Ese argumento formaba parte de la estrategia de la defensa, que no fue una buena estrategia tampoco. La defensa quiso mostrar a la Pepa como alguien violenta para justificar una defensa en Daniel Torres.

Lo que se buscaba era demostrar una legítima defensa por terceros: que Torres salió a defender a su mujer Silvia de un “ataque” de la Pepa y de la mejor amiga de la Pepa, Gabi que fue quien había iniciado la discusión.

Todo este montaje de la defensa, fue destruido en la sentencia por los propios jueces que reconocen que no hubo ninguna pelea. Este reconocimiento de los jueces es algo muy importante, ya que demuestra que la Silvia -la madre de Dayana (la novia de Pepa)- no estaba siendo agredida. Nuestras pruebas demostraron que no había habido ninguna pelea con anterioridad a que Torres agarrara la escopeta y le pegaron los tiros a Pepa.

Fue un trabajo muy duro, ya que incluso no tuve muchas chances de trabajar con el fiscal porque lo cambiaron una semana antes de comenzar el juicio.

En un primer momento le dijimos que nuestra estrategia iba a estar centrada en que a Pepa la mataron por lesbiana. El fiscal Amodeo no lo terminaba de ver. Recién empieza a identificar la violencia de género cuando le demuestro que Torres era el único varón en todo esto, y es el que cerró la discusión…

-Y que estaba armado…

Claro. Con esta demostración de pruebas, el fiscal me dice que sí, que él ve una cuestión de violencia de género. De todos modos no lo puede identificar como una cuestión de crimen por ser una lesbiana. En la sentencia se termina reconociendo que es la orientación sexual de Pepa y de Dayana y su relación lo determinante en este caso, pero no se lo da por acreditado, que son dos cosas diferentes.



-Este crimen combina el machismo, el odio por orientación sexual, pero también la cobardía, ¿no?

Yo creo que lo que hizo Torres tiene que ver más con machismo, una cuestión de género muy marcada. El en toda esta historia era un cero a la izquierda. Un ninguneado por su mujer, porque aparentemente Silvia lo maltrataba públicamente. En el afuera se mostraba como un mandado, pero dentro de la casa, era él quién maltrataba.

Por otro lado, si Torres se iba a las manos con la Pepa, perdía. La Pepa lo terminaba de humillar en ese momento. Entonces él se tuvo que asegurar un modo de no salir humillado, y ese único modo era pegarle un tiro.

-¿La Pepa ocupaba el lugar de la virilidad que Torres no poseía?

La Pepa era muy masculina. Y eso era algo que Torres no podía permitir. La odiaba por esto. En el juicio no hablé literalmente de cobardía, pero sí que él tenía preparada el arma al lado de la puerta y que se acercó en silencio sin dar ninguna posibilidad de defensa. Eso es lo que para mí tornaba más grave esto. Yo creo que los jueces tomaron algo de esto porque lo marcaron en la sentencia. El tema que él se acercara silenciosamente, muestra que estaba decidido a matar, que lo tenía preparado.

-¿Qué reflexión como mujer, lesbiana, y abogada te produce la imposibilidad de poder juzgar un crimen de odio contra una lesbiana de este modo?

Es una posición que no es la más favorable. Yo creo que se juzgó mucho la subestimación. Yo sé que en estos ámbitos se me subestimó muchísimo…y yo dejé que eso ocurra. O sea, hago el juego, y después llega un momento donde pongo todas las cartas en la mesa. Por eso, dejé que hubiera esta especie de subestimación antes del comienzo del juicio, pero una vez en medio de la pelea por justicia para Pepa, yo empecé a poner cartas y terminé con todas las cartas fuertes en los alegatos.

Es cierto que era mi primer juicio, y que mi especialidad no es penal, pero la causa era tan importante y tan grande que le encontré la vuelta. Hubo un poco de subestimación por ser mujer y una abogada joven.

-¿Qué fue lo más difícil de lidiar?

Indudablemente, con el activismo LGBT. Y esto tiene que llamar a reflexión.
La campaña mediática era lo más importante del caso. Hace tiempo que yo había analizado cómo venía la mano y decidí mandar un mail a la Federación Argentina de Lesbianas Gays bisexuales y Trans (Falgbt) diciéndoles que me parecía importante que la estrategia jurídica se charlara entre el activismo que más experiencia tiene en el campo. Nunca tuve respuesta de ese email.

Yo estaba en Diversa, y en Falgbt, y el caso lo teníamos desde ahí. Y a mí me parecía muy importante que haya un mensaje unificado desde todas las voces del juicio. No un solo mensaje. Pero que se reforzara una o dos ideas y que todo el mundo saliera a defenderlas. Pensé que no era algo menor crear una estrategia de conjunto y entre todos y todas. Yo creo que no se vio, o no se lo quiso ver. Si esto, lo de Pepa, hubiera sucedido en Buenos Aires, hubiera sido como el caso de Candela (la niña secuestrada y asesinada hace unos días). Además, lo peor es que Córdoba es una gran ciudad.

Faltó armado, sin dudas. Que este crimen haya sido en Córdoba y no en Buenos Aires te exige que la campaña de difusión sea aún mayor, porque hay que trabajar mucho más con los medios. Y ese trabajo con los medios no se hizo. Hubo un trabajo bueno, se escucharon cosas que no se suelen escuchar en los medios como el cuestionar la violencia hacia las mujeres masculinizadas que es algo que no se habla casi nunca, hubo repercusión, pero faltó potenciarla.

-Creo que fue Martha Dillon o Fabiana Tron que en sus artículos destacaban las veces que resonó en tu alegato la palabra lesbiana…

Es que hay muchas cosas por hacer aún. En la Facultad de Derecho estuve hablando con algunos profesores de transmitir la experiencia que adquirí en un juicio de estas características. Que no quede ahí. Por un lado, me parece que hay que analizar, criticar y valorar la sentencia; y por otro lado este debate o esta exigencia no debe quedar en la Facultad de Derecho. Se tiene que empezar a producir conocimiento. No sabemos ni cuanta gente muere, hay poquísimos datos. La Falgbt tiene un proyecto, y tengo entendido que son varios los proyectos de modificación de la Ley Antidiscriminatoria.

Sería muy interesante analizar todos estos proyectos después de un caso como el de Pepa Gaitán.

-¿Es un problema político?

Todos los problemas jurídicos son problemas políticos y sociales. Después del crimen de la Pepa, hay que replantear todo, agregando a esta revisión de estos proyectos la discusión de cómo se ven los casos de las mujeres masculinizadas. Traer estos temas a la discusión. Acá hay una gran responsabilidad del activismo de llevar adelante estos debates. Creo que los primeros y las primeras que deben mover esta discusión somos los y las que supuestamente tenemos conciencia. Pero creo que dentro del activismo también falta conciencia sobre nuestra realidad. Creo que hay mucha justificación de violencia y discriminación dentro de la Comunidad LGBT, y existe muy poca conciencia de los niveles de discriminación que se está viviendo. Con las personas que más cerca están de esta violencia que son las chicas travestis, y las mujeres y hombres transexuales, se utiliza una justificación mayor.

-¿Justificación de parte de quién?

De las personas que la sufren. Hay una realidad que nadie puede negar, y que es que muchas personas integrantes de la Comunidad LGBT tienen naturalizada la violencia y forma parte de su vida. Esto es lo que hay que empezar a debatir y en lo que hay que trabajar. No se puede pensar que porque soy de tal forma o con tal identidad me tiene que pasar tal o cual cosa, o me va a tocar tal o cual vida. Repito, el activismo es el que tiene la mayor responsabilidad en esto.

Después del caso Pepa, reconocer y estar dispuestos a ver este tipo de violencia y otras micro violencias, es también un paso para ver la vida de cada uno de nosotros y cada una de nosotras, lo que te toca enfrentar en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, con tus amigos. La forma de concientizarte a vos misma, es reconocerte a vos misma…verte a vos misma. Pasar tu vida por el filtro de la lesbofobia.

-¿Qué queda de Pepa?

Queda la enseñanza de que su asesinato nos tiene que demostrar que todos somos Natalia Gaitán. La Pepa no dejo de vivir en su vida la violencia por lo que era. Toda su vida fue una historia de violencia y discriminación….y terminó en su muerte, porque eso es lo que pasa cuando sigue existiendo este tipo de violencia y discriminación.

Cuando todos y todas sintamos que somos Natalia Gaitán, dejaremos de ser simplemente una remera con una leyenda.



Fuente: Boquitas Pintadas

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