
Los maricones siempre estamos en el punto de mira. Chica, es que tienen fijación con nosotros, qué le vamos a hacer, como vamos por ahí con plumas rosas y ondeando banderas de colores chillones mientras cantamos canciones de Rafaella Carrá, se ve que les llamamos mucho la atención a algunos heterochachis, así en plan barraca de feria. Y digo yo, que nosotros estamos aquí tan tranquilitos, sin meternos con nadie, y siempre tiene que venir el típico soplagaitas a tocarnos los cojones a dos manos. Porque la gente dice que somos muy majos y muy limpios, que ni mordemos ni nada y que también somos personas, pero luego hacen aseveraciones tan maravillosas y contundentes como “Ojalá mi hijo no sea gay.Prefiero que sea asesino en serie, que le falte un tornillo y que coleccione las dentaduras de sus víctimas en vasos de nocilla. O drogadicto. O mesa camilla”. Porque que tú seas maricón perdido tiene un pase, pero que lo sea su hijo ya es otra cosa…
—¡Es que yo quiero que mi hijo sea normal!
Porque claro, tú no eres normal, tú eres una especie de aberración de la naturaleza con aires de depravación, un monstruo comepollas a dos carrillos (¡comepollas!) que va a vivir como un sarasa (ergo en una sauna y haciendo muchos gestos con la mano), cuyo único futuro profesional es hacerse bailarín de Britney Spears y que en lugar de envejecer se irá transformando progresivamente en Tinky Winky. A ver cómo le explicas tú al cenutrio de turno que ser de la acera de enfrente no es ser anormal, que es una cosa muy básica y muy común que se da en un montón de especies animales (porque nosotros somos animales, no recortables de papel, ni playmóbils, ni botes de leche merengada, ni nada. Somos animales y mamon… mamíferos). Vamos, que es tan natural como ser hetero. Y si te tomas la molestia de explicárselo, te dirá:
—No, si yo no lo digo por mí, yo lo voy a querer igual porque es mi hijo, y si salegayer, qué le vamos a hacer. Yo lo digo por la sociedad, que no lo acepta.
Claro que sí, mujé, seguro que tú lo vas a querer una barbaridad y qué le vamos a hacer si sale mariquita (lo dice como si ser homosexual fuera lo mismo que nacer con tres brazos o seis ojos); y es la sociedad, ese ente del cual tú no formas parte, la que va a tener la culpa de su infelicidad. Es que es verdad, los maricones jamás podremos reinsertarnos socialmente, porque ni trabajamos, ni salimos a bares de gente “normal” a tomar café, ni compramos en los mercadonas, ni sufrimos la crisis, ni tenemos hipotecas, ni vamos al cine, ni nos presentamos a oposiciones, ni compramos tomates maduros en la frutería, ni bailamos en las verbenas, ni nada de nada. Esto es porque tenemos un gen que nos impide hacer cosas cotidianas, sólo nos permite drogarnos, follar en cuartos oscuros y pillar enfermedades de transmisión sexual.
A ver cómo, le explicas al tontolculo del día que se puede ser gay y ser feliz, que uno puede hacer su vida tan ricamente y que precisamente son historias como esas y comentarios como el suyo los que te tocan los huevos y los que hacen de esta sociedad un lugar en el que cada día te gustan más los perros y menos las personas. A ver cómo le explicas que la sociedad es él y que con comentarios como el que ha hecho es él quien está haciendo que este sea un lugar complicado para la convivencia, no sólo para un niño, sino para cualquiera que tenga un mínimo de capacidad mental.
—Imagina lo mal que lo va a pasar en el colegio. Los niños se meterán con él.
A ver cómo le explicas al tipo que seguramente los niños que se van a meter en el colegio con él son precisamente aquellos que han escuchado de sus padres que ser gay no es normal, que ellos no tienen nada en contra de los gays, pero que si pueden elegir (como si se pudiera elegir) querrían que sus hijos no fueran sarasas, sino heterochachis, que los mariconsones son muy majos, pero dan cosica y es mejor tenerlos lejos. Como si siendo heterosexual se solucionaran todos los problemas de las personas de un plumazo y como si los niños no se fueran a meter con él por ser gordo, flaco, alto, bajo, oscuro de piel, claro de piel, tartamudo, miope, bruto, sensible, tímido, enterado o cualquier cosa que no entre dentro de un arquetipo imposible, que es el que le enseñamos a los niños que tienen que perpetuar. Pero qué va, el problema no está en la promoción de la estructura unineuronal consistente en no aceptar que las personas somos diferentes y que, por tanto, lo natural es la diversidad. El problema está en que la gente tiene que ser “normal”. Tócate los cojones, Mariloli.
—Sí, si todo eso que me dices está muy bien, pero si hubiera una pastilla para ser hetero, ¿a que te la tomarías?
A mí esto de la pastilla me parece estupendo. No, no, para los maricones no. Qué va. Si estuviera en mi mano, de verdad os lo digo, yo inventaría una pastilla, pero para otras cosas que poco o nada tienen que ver con la homosexualidad, como por ejemplo, la capacidad de tocar las pelotas que tienen determinadas personas, la estupidez congénita, el burridismo y la confusión existente entre el comportamiento porcino y el humano (que se parecen, pero no son lo mismo).
En suma, que, por si no se nota lo suficiente, estoy hasta los santos cojones de esa gente que mira a los maricones con la cara doblada, como con lástima, como si lo nuestro fuera algo sin remedio ante lo que hay que apiadarse; y, sobre todo, estoy hasta los cojones de que el personal crea que los maricones somos maricones porque tenemos encima una maldición y que, en el fondo, nos encantaría volvernos unos machotes de esos que ven el fútbol, escupen y se agarran el paquete mientras miran unas buenas domingas, casarnos con una mujer, ser “normales” y entrar a formar parte de ese club tan maravilloso y fantástico que es la heterosexualidad.
Para que quede bien claro, yo no quiero ser normal porque YA soy normal. Para que quede más claro aún, yo no quiero ser hetero. Me gustan los hombres, me encantan, no tengo ningún problema y si algún día algún gilipuertas desaprensivo inventa una pastilla que te convierte en hetero me la soplará hasta límites insospechados y en ningún caso, repito, en ningún caso consideraré tomármela, ni de lejos siquiera.
Que no es tan complicado comprender que el problema no es nuestro, no es de los homosexuales, que no somos nosotros los que tenemos que cambiar, sino la sociedad. Así que la pastilla te la tomas tú, bonico, y a mí me dejas en paz.
Fuente: Universo Gay
—¡Es que yo quiero que mi hijo sea normal!
Porque claro, tú no eres normal, tú eres una especie de aberración de la naturaleza con aires de depravación, un monstruo comepollas a dos carrillos (¡comepollas!) que va a vivir como un sarasa (ergo en una sauna y haciendo muchos gestos con la mano), cuyo único futuro profesional es hacerse bailarín de Britney Spears y que en lugar de envejecer se irá transformando progresivamente en Tinky Winky. A ver cómo le explicas tú al cenutrio de turno que ser de la acera de enfrente no es ser anormal, que es una cosa muy básica y muy común que se da en un montón de especies animales (porque nosotros somos animales, no recortables de papel, ni playmóbils, ni botes de leche merengada, ni nada. Somos animales y mamon… mamíferos). Vamos, que es tan natural como ser hetero. Y si te tomas la molestia de explicárselo, te dirá:
—No, si yo no lo digo por mí, yo lo voy a querer igual porque es mi hijo, y si salegayer, qué le vamos a hacer. Yo lo digo por la sociedad, que no lo acepta.
Claro que sí, mujé, seguro que tú lo vas a querer una barbaridad y qué le vamos a hacer si sale mariquita (lo dice como si ser homosexual fuera lo mismo que nacer con tres brazos o seis ojos); y es la sociedad, ese ente del cual tú no formas parte, la que va a tener la culpa de su infelicidad. Es que es verdad, los maricones jamás podremos reinsertarnos socialmente, porque ni trabajamos, ni salimos a bares de gente “normal” a tomar café, ni compramos en los mercadonas, ni sufrimos la crisis, ni tenemos hipotecas, ni vamos al cine, ni nos presentamos a oposiciones, ni compramos tomates maduros en la frutería, ni bailamos en las verbenas, ni nada de nada. Esto es porque tenemos un gen que nos impide hacer cosas cotidianas, sólo nos permite drogarnos, follar en cuartos oscuros y pillar enfermedades de transmisión sexual.
A ver cómo, le explicas al tontolculo del día que se puede ser gay y ser feliz, que uno puede hacer su vida tan ricamente y que precisamente son historias como esas y comentarios como el suyo los que te tocan los huevos y los que hacen de esta sociedad un lugar en el que cada día te gustan más los perros y menos las personas. A ver cómo le explicas que la sociedad es él y que con comentarios como el que ha hecho es él quien está haciendo que este sea un lugar complicado para la convivencia, no sólo para un niño, sino para cualquiera que tenga un mínimo de capacidad mental.
—Imagina lo mal que lo va a pasar en el colegio. Los niños se meterán con él.
A ver cómo le explicas al tipo que seguramente los niños que se van a meter en el colegio con él son precisamente aquellos que han escuchado de sus padres que ser gay no es normal, que ellos no tienen nada en contra de los gays, pero que si pueden elegir (como si se pudiera elegir) querrían que sus hijos no fueran sarasas, sino heterochachis, que los mariconsones son muy majos, pero dan cosica y es mejor tenerlos lejos. Como si siendo heterosexual se solucionaran todos los problemas de las personas de un plumazo y como si los niños no se fueran a meter con él por ser gordo, flaco, alto, bajo, oscuro de piel, claro de piel, tartamudo, miope, bruto, sensible, tímido, enterado o cualquier cosa que no entre dentro de un arquetipo imposible, que es el que le enseñamos a los niños que tienen que perpetuar. Pero qué va, el problema no está en la promoción de la estructura unineuronal consistente en no aceptar que las personas somos diferentes y que, por tanto, lo natural es la diversidad. El problema está en que la gente tiene que ser “normal”. Tócate los cojones, Mariloli.
—Sí, si todo eso que me dices está muy bien, pero si hubiera una pastilla para ser hetero, ¿a que te la tomarías?
A mí esto de la pastilla me parece estupendo. No, no, para los maricones no. Qué va. Si estuviera en mi mano, de verdad os lo digo, yo inventaría una pastilla, pero para otras cosas que poco o nada tienen que ver con la homosexualidad, como por ejemplo, la capacidad de tocar las pelotas que tienen determinadas personas, la estupidez congénita, el burridismo y la confusión existente entre el comportamiento porcino y el humano (que se parecen, pero no son lo mismo).
En suma, que, por si no se nota lo suficiente, estoy hasta los santos cojones de esa gente que mira a los maricones con la cara doblada, como con lástima, como si lo nuestro fuera algo sin remedio ante lo que hay que apiadarse; y, sobre todo, estoy hasta los cojones de que el personal crea que los maricones somos maricones porque tenemos encima una maldición y que, en el fondo, nos encantaría volvernos unos machotes de esos que ven el fútbol, escupen y se agarran el paquete mientras miran unas buenas domingas, casarnos con una mujer, ser “normales” y entrar a formar parte de ese club tan maravilloso y fantástico que es la heterosexualidad.
Para que quede bien claro, yo no quiero ser normal porque YA soy normal. Para que quede más claro aún, yo no quiero ser hetero. Me gustan los hombres, me encantan, no tengo ningún problema y si algún día algún gilipuertas desaprensivo inventa una pastilla que te convierte en hetero me la soplará hasta límites insospechados y en ningún caso, repito, en ningún caso consideraré tomármela, ni de lejos siquiera.
Que no es tan complicado comprender que el problema no es nuestro, no es de los homosexuales, que no somos nosotros los que tenemos que cambiar, sino la sociedad. Así que la pastilla te la tomas tú, bonico, y a mí me dejas en paz.
Fuente: Universo Gay











jajajajajaja, Universo Gay, ni que decir que estoy completamente de acuerdo con lo que dices, pero además lo has expresado con un sentido del humor refrescante, que me ha divertido y me ha hecho reír de lo lindo.
ResponderEliminarMuchas gracias por el artículo, e igual que tú, yo tampoco me tomaba la pastillita de los cojones ni borracho. jajajajjaja
Un saludo.
jajajaja... XP
EliminarGracias por tu comentario amigo!
Obvio que no la tomaria!
Te mando un abrazo enorme y te espero pronto por aquí.
Nos vemos.