
Marcelo Saenz, de 50 años, descubrió que le gustaban los varones en su adolescencia. Su familia evangélica lo condenó ante su primer comentario; le hablaron de lo enojado que iba a estar Dios por esa actitud suya. El templo al que concurrían cada semana reforzó esa mirada represiva. “Me decían que la homosexualidad contrariaba a Dios y que eso estaba en mi mente puesto por el diablo”, recuerda Marcelo.
Desde entonces, y hasta pasados los 30, vivió en castidad. No sabía cómo compatibilizar su fe en Dios con su sexualidad. “Siempre fue un conflicto muy grande mi homosexualidad. Sufrí mucho en esos años y, para agradar a Dios y para no herir a nadie, decidí ser célibe”, cuenta a Boquitas pintadas. Enseguida le surge agregar que eso es lo antinatural, lo que lo dejó tan solo.
A mediados de los ’90, un viaje a EE.UU. por trabajo –él es ingeniero electromecánico- le cambió la perspectiva de su vida. “Allá descubrí que había otras interpretaciones de la sexualidad y fue muy liberador. Estudié y estudio mucho sobre teología y pude entender que, contrariamente a lo que me habían enseñado siempre en la iglesia, la Biblia no condena la homosexualidad”.
Recién entonces, Marcelo empezó a vivir sin inhibiciones. “Pude verme como homosexual y me apoyé en la fe”, reconoce. Luego, con Marco, su pareja –la primera que se animó a constituir y que hoy es su marido-, decidieron ayudar a personas creyentes como ellos y con conflictos por su orientación sexual. Marco y él habían pasado por experiencias similares. De reflexionar sobre esto surgió, hace 10 años, Cegla, una organización integrada por cristianos y cristianas gays, lesbianas, bisexuales y trans provenientes de distintas iglesias.

Durante estos años, unas 300 personas -de entre 17 y 70 años- se acercaron a la agrupación a leer la Biblia, intercambiar testimonios, conversar con la misión de revisar los conceptos instalados sobre la condena de Dios por la homosexualidad. Muchos más -estiman unos mil- mantienen contacto vía Internet. “Es muy duro escuchar toda la vida que, porque te gusta alguien del mismo sexo, te vas a ir al infierno, tenés el diablo adentro”, dice Marcelo. Es consciente de que son prejuicios que se arrastran por siglos. Y contrasta: “En Cegla los acompañamos y les recordamos que Dios nos ama como somos y que se puede vivir la homosexualidad de modo compatible con la fe”.
Cuando se reúnen –tienen un espacio cedido por la Iglesia Metodista del barrio de Flores- trabajan para desarmar prejuicios añejos y, así, empezar a sentirse más libres. “Muchos, recomendados por sus referentes espirituales, llegan a casarse para ver si se curan, se alejan del ‘pecado’ pero no de sus atracciones homosexuales; otros, vienen medicados, con tratamientos psiquiátricos muy fuertes para mantener la libido en un estado adormecido y así menguar sus atracciones homosexuales”, enumera. También apunta que la mayoría pasó por “terapias reparativas” y carga con una frustración inmensa porque la esperanza que tenían no se cumplió. Sobre todo esto conversan, individualmente, a veces en rondas grupales.
Marcelo invita a acercarse. Su discurso es optimista. Sostiene que entre todos encuentran contención y que eso resulta liberador. Reconoce que después del matrimonio igualitario muchas cosas empezaron a cambiar, pero agrega que quienes están con este conflicto interno por su fe no logran vivir plenamente su sexualidad. Para cerrar, recuerda el slogan de Cegla: “Porque la fe en Cristo y la homosexualidad son compatibles”.

La iglesia evangélica tradicional al igual que la Iglesia Católica enseña que la homosexualidad es algo malo y que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo constituyen un grave pecado. Fundamentan su posición en la interpretación literal de unos pocos textos bíblicos en lugar de interpretarlos en el contexto histórico, social y cultural en el que fueron originalmente escritos para decidir su significado luego de un serio análisis crítico.
Las presiones sociales y, particularmente, religiosas producen en muchas personas homosexuales susceptibles un inmenso daño psicológico, emocional y hasta físico, caracterizado por sentimientos tales como la culpa, la vergüenza, la baja autoestima y el auto rechazo, entre tantos otros.
Quienes recurren a algún tipo de ayuda, sea ésta psicológica o pastoral, para tratar de cambiar su orientación sexual terminan defraudados y desesperanzados. Más que ayudar a estas personas a descubrir las fuentes de sus sentimientos negativos hacia sí mismos y tratar de superarlos, se les inculca la idea errónea de que éstos son el resultado de su pecaminosa homosexualidad, aumentando así aquellos sentimientos de desprecio hacia su identidad sexual previamente experimentados.
Como consecuencia se inculca la abstinencia sexual como única alternativa para todas las personas homosexuales que quieran profesar la fe cristiana, lo cual ciertamente es una opción poco realista y muy difícil de sostener.
La orientación sexual no es materia de elección sino que forma parte de la naturaleza de muchas personas y por ese motivo no se pude modificar por más voluntad, fe y empeño que se ponga.
El principal objetivo de Cegla es ayudar y acompañar a creyentes cristianos para reconciliar su fe con su sexualidad, superar los traumas derivados de las presiones religiosas que han tenido que soportar y ser finalmente beneficiados espiritual y psicológicamente.
Todo esto sobre la base de que las Sagradas Escrituras en ninguna parte condenan las relaciones responsables de amor y compromiso entre personas del mismo sexo.
Cegla no es una nueva iglesia cristiana, ni pretende reemplazar a la iglesia tradicional. A las personas que se acercan se les aconseja dentro de lo posible permanecer en sus propias parroquias o comunidades de fe o buscar alguna otra donde puedan ser aceptadas tal como son.
Fuente: Boquitas Pintadas
Cuando se reúnen –tienen un espacio cedido por la Iglesia Metodista del barrio de Flores- trabajan para desarmar prejuicios añejos y, así, empezar a sentirse más libres. “Muchos, recomendados por sus referentes espirituales, llegan a casarse para ver si se curan, se alejan del ‘pecado’ pero no de sus atracciones homosexuales; otros, vienen medicados, con tratamientos psiquiátricos muy fuertes para mantener la libido en un estado adormecido y así menguar sus atracciones homosexuales”, enumera. También apunta que la mayoría pasó por “terapias reparativas” y carga con una frustración inmensa porque la esperanza que tenían no se cumplió. Sobre todo esto conversan, individualmente, a veces en rondas grupales.
Marcelo invita a acercarse. Su discurso es optimista. Sostiene que entre todos encuentran contención y que eso resulta liberador. Reconoce que después del matrimonio igualitario muchas cosas empezaron a cambiar, pero agrega que quienes están con este conflicto interno por su fe no logran vivir plenamente su sexualidad. Para cerrar, recuerda el slogan de Cegla: “Porque la fe en Cristo y la homosexualidad son compatibles”.

Los principios de Cegla, cristianos y cristianas GLBT de Argentina
La iglesia evangélica tradicional al igual que la Iglesia Católica enseña que la homosexualidad es algo malo y que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo constituyen un grave pecado. Fundamentan su posición en la interpretación literal de unos pocos textos bíblicos en lugar de interpretarlos en el contexto histórico, social y cultural en el que fueron originalmente escritos para decidir su significado luego de un serio análisis crítico.
Las presiones sociales y, particularmente, religiosas producen en muchas personas homosexuales susceptibles un inmenso daño psicológico, emocional y hasta físico, caracterizado por sentimientos tales como la culpa, la vergüenza, la baja autoestima y el auto rechazo, entre tantos otros.
Quienes recurren a algún tipo de ayuda, sea ésta psicológica o pastoral, para tratar de cambiar su orientación sexual terminan defraudados y desesperanzados. Más que ayudar a estas personas a descubrir las fuentes de sus sentimientos negativos hacia sí mismos y tratar de superarlos, se les inculca la idea errónea de que éstos son el resultado de su pecaminosa homosexualidad, aumentando así aquellos sentimientos de desprecio hacia su identidad sexual previamente experimentados.
Como consecuencia se inculca la abstinencia sexual como única alternativa para todas las personas homosexuales que quieran profesar la fe cristiana, lo cual ciertamente es una opción poco realista y muy difícil de sostener.
La orientación sexual no es materia de elección sino que forma parte de la naturaleza de muchas personas y por ese motivo no se pude modificar por más voluntad, fe y empeño que se ponga.
El principal objetivo de Cegla es ayudar y acompañar a creyentes cristianos para reconciliar su fe con su sexualidad, superar los traumas derivados de las presiones religiosas que han tenido que soportar y ser finalmente beneficiados espiritual y psicológicamente.
Todo esto sobre la base de que las Sagradas Escrituras en ninguna parte condenan las relaciones responsables de amor y compromiso entre personas del mismo sexo.
Cegla no es una nueva iglesia cristiana, ni pretende reemplazar a la iglesia tradicional. A las personas que se acercan se les aconseja dentro de lo posible permanecer en sus propias parroquias o comunidades de fe o buscar alguna otra donde puedan ser aceptadas tal como son.
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Fuente: Boquitas Pintadas










