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24 de mayo de 2012

Follar sí o sí

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Cuando echar un polvo se convierte en una especie de obligación tras tontear con alguien, tras tomarte una copa, tras una cita o tras compartir un bocata de nocilla porque si no esa persona se enfada. Se supone que uno folla cuando le apetece y eso, ¿no? A menos que esto sea una película porno…

—Jo, tía.
—¿Qué te pasa, tía? Te veo preocupada. ¿Te has acordado de cambiarle las pilas al vibrador este mes?

—Que no, tía, que no es eso. Es que el otro día tuve una cita.

—Anda… Una cita. Ya era hora, maricón, que te ha debido de crecer la virginidad desde la última vez. Yo estaba por proponer una prueba del pañuelo y todo, no te digo más. 

—Ya. Yo le puse una vela a San Palomo Cojo.

—¿Y qué tal la cita?

—Pues mal. Bueno, él era encantador y muy majo y nos lo pasamos muy bien.

—Qué bonito, tía. Pero vamos a lo fundamental, ¿follaste?

—No, ese es el problema. Que se despidió de mí y no me invitó a su casa ni nada. 

—¿Ni una chupipaja? Qué raro, ¿no?

—Pues sí, tía. ¿Será que no le gusto?

—No digas tonterías, qué tendrá que ver eso. Con la cantidad de tíos que me he follado yo sin gustarme ni nada… Seguro que está loca del coño o algo. ¡No follar con alguien después de haber quedado! ¡Qué se habrá creído el tío ese!

Tras una cita se folla. Ese es el lema fundamental al que nos enfrentamos las personas de los tiempos modernos. Por ejemplo, tú estás chateando o lo que sea, ¿no? Y entonces conoces a un tío y te pasas un rato hablando con él por alguna de las múltiples formas de comunicarse que las nuevas tecnologías han puesto a nuestro alcance (el Grindr, tía, que no te enteras). Y tras intercambiar varias frases (que tú lo llamas conversación, a pesar de que no has utilizado más de veinte palabras en total) surge el mágico momento de quedar. Entonces quedas con el tipo en cuestión, lo conoces, tienes una cita al uso y… y… y… Se folla. Esto es así. La cita tiene que terminar con un polvo más o menos decente, contigo, con él y con el vecino del cuarto si se tercia con los tobillos detrás de las orejas y pidiendo más candela. Y si no ocurre así entonces la cosa es rara, extraña: algo ha ido mal.

Como dicen en el diálogo que ha abierto este artículo, lo de menos es el rollo ese de gustarse. La cosa es mojar. Es verdad que se supone que uno se va a la cama con aquellas personas que les atraen sexualmente, pero hay veces en las que nos vemos un poco obligados por las circunstancias. Admitámoslo, todos hemos estado en una cita con alguien que ni fu ni fa y mientras nos hablaba de algo tan apasionante como su curso de hacer potajes de habichuelas por correspondencia, hemos pensado: Me cae mal. Si se la chupo, ¿me caerá mejor? Y al final nos hemos visto un poco en el compromiso de echar un casquete con la esperanza de que la cosa tuviera un final apoteósico (porque piensas: Dios le da algo bueno a todo el mundo; este es del montón tirando a feo y aburrido: tiene que ser un puto amo del sexo y debe tenerla del tamaño de la Torre de Picha... Pisa); también lo haces persuadido por la idea de que no está bonito haber llegado hasta avistar tierra y no descubrir América (ergo te dices que no se calienta lo que uno no se va a comer y que tras el flirteo y la cita no está bien mandar al sujeto a casa con las pelotas llenas de amor). Por eso muchas veces nos vemos en la situación de estar echando un triste polvo con alguien sin disfrutar, preguntándonos por qué estamos ahí en pelota picada sin sentir placer y añorando lo a gusto que estaríamos si nos hubiéramos ido a casa a ver Anatomía de Grey comiendo pizza con nuestro gato en el regazo.

Sin embargo, esto, lo de follar en la primera cita sí o sí, también ocurre muchas veces porque tenemos la absurda idea de que para que nuestra vida valga medianamente la pena tiene que parecerse mucho a una película porno.Todos hemos visto porno (venga, amiga géminis, no te hagas la nueva ahora) y sabemos que en ellas en el minuto uno Kevin, Cody y Ryan están tomándose una hamburguesa con patatas amigablemente un lunes por la tarde y en el minuto dos tienen la boca llena, sí, pero la carne que mantienen en ella no es de vaca ni de cerdo, sino que es humana. Que dices tú: Coñe, qué rapidez, pero si no les ha dado tiempo ni a terminarse las patatas… Y qué le habrá dicho el rubio al moreno para que este se haya levantado sin responder y se la haya sacado sin más. Y hay que ver las cosas que hacen encima de la mesa, es la última vez que ceno en el burguer del barrio. ¿Eso es el ojete?

Oye, pues así funcionan las cosas en ese mundo fantástico y estupendo en el que las orgías surgen de la nada y, casualmente, todo el mundo está perfectamente depilado. También por casualidad se han puesto esta mañana el suspensorio más chuli de su colección, nada del calzoncillo normal de diario que usamos la mayoría de los mortales. Todos están preparados para follar en cualquier momento y a cualquier hora y porque sí. 

O sea, que según nuestra mentalidad de película porno, la gente folla a todas horas y con una facilidad pasmosa y así, sin venir a cuento y como por lógica y costumbre. Vamos, es que el otro día venía yo de comprar el pan y me sorprendí de que el panadero no me propusiera pasar a la trastienda para revolcarnos en la harina, frotarnos los pezones con las hogazas y estimularnos con las baguetes. Qué soso el tío, qué idiota, qué ascazo. De verdad. Y si esto debería pasarme haciendo algo tan mundano y básico como comprar el pan, imagínate si quedo con un tío para tomarme una cerveza. Vamos, es que me tiene que dejar dolorido a pollazos, porque si no, no se entiende.

Por eso hay muchas personas que no conciben que cuando quedan con alguien siempre cabe la posibilidad de que esa persona decida no chupárnosla así, a bote pronto y porque sí. Porque, a veces se nos escapa que tomarse una cerveza con alguien no implica necesariamente que tenga que haber sexo esporádico a la fuerza. Y no tiene por qué ser porque no le gustemos al maromo con el que hayamos quedado, qué va. Puede ser porque a esa persona no le apetezca echar un polvo en ese momento (y sin estar enferma ni nada, es que hay gente que no son actores porno, que no siempre la llevan tiesa a todas partes) o porque es tímida, porque tiene que madrugar al día siguiente o sencillamente porque le apetece conocerte más antes de ponerse a cuatro patas. Que todo puede ser, ¿eh?

Por eso, queridos lectores, no hay que aturrullarse ni ofenderse por el hecho de que alguien no quiera follar con nosotros en el minuto 2. Tal vez hay que ser un poquito más pacientes y relajarse, dejarse llevar y esperar al minuto 40. Que lo mismo hay escena porno, pero dentro de un rato u otro día. Y ya puestos, yo no sé vosotros, pero yo prefiero que quien se acueste conmigo se acueste con ganas y no por compromiso ni porque es lo que toca.


Fuente: Universo Gay

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