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7 de octubre de 2008

EL REGALO

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De manera colateral, uno de los personajes de la exitosa cinta chilena de Cristián Galaz y Andrea Ugalde, ‘El Regalo’, vive el drama mayor de los homosexuales: la soledad y la discriminación en una sociedad que si a duras penas acepta a los viejos, mucho menos preparada está para los viejos gay. He aquí una reflexión sobre este tema.

‘EL REGALO’ en el contexto cinematográfico chileno.

Este filme de Cristián Galaz y Andrea Ugalde abre acaso en nuestro país el denominado cine de segmento. En efecto, se trata de una película destinada a una edad precisa, a un segmento de espectadores que en su promedio superan los 70, constituyendo un fenómeno poco común en la irregular filmografía criolla.

Otras cinematografías más avanzadas tienen ese nicho perfectamente definido (a recordar solamente el ejemplo de ‘Antes de Partir’, con Jack Nicholson y Morgan Freeman) y en una industria como Hollywood es parte del juego y de una estrategia comercial.

¿Qué permite que un filme como ‘El Regalo’ sea visto con simpatía?

Lo que hace grato y justificable su anécdota algo obvia y ese estilo de humor de televisión es, acaso, la honestidad con que asume su tarea. No hay mayores trampas. Todo es diáfano. Los viejos son choros, los ambientes reales, las locaciones magníficas e incluso se olvida el innecesario cameo final de Buddy Richard, tal vez puesto allí como ejercicio para reforzar la nostalgia.

El engranaje temático es eficaz: recién jubilado, Francisco (Nelson Villagra) se da cuenta que no soporta la soledad y la próxima decadencia, por lo que toma la decisión de suicidarse. Le interrumpen en su propósito sus dos mejores amigos, quienes le arrastran a la fuerza en un programa dirigido a la tercera edad hasta las Termas de Chillán. El paseo, claro está, sirve para que ajuste cuentas con la vida: recuperará el sentido del humor, revalorará la amistad, conocerá a una atractiva señora (Delfina Guzmán) y así en un largo suma y sigue.

Lo mejor de este andamiaje temático es que la película no exacerba ni dramatiza el tema de la sexualidad de los ancianos, situando simple y directamente este aspecto como parte necesaria de seguir la vida, despojada del morbo y sordidez que otros pudieron suponer.- El personaje (casi) oculto.


Pero en el grupo de ancianos va uno que particularmente ha de conmoverme. Se trata de un gay viejo que lleva oculto a su ‘hijo’, un perrito, en la maleta. Este personaje (Héctor Noguera) come solo, está aislado, sufre las burlas ni tan veladas del resto y en una ocasión particularmente dramática es golpeado.

No obstante, en un guiño cómplice de los guionistas, resulta ser el más coherente, el más entregado y quien resuelve los pequeños grandes enredos que se suceden en el último tercio del filme, a costa de mantenerse solo y víctima de una sociedad que si ya no está preparada para entender y aceptar a los viejos, a secas, menos lo está para dar cabida a los “maricones viejos” como por ahí desliza el propio personaje.

Es este hombre, en su figura esmirriada y solemne, en su silencio, en su deambular por las Termas de Chillán en donde se concentra un punto a favor de la película. Aunque no esté más desarrollado que el resto, el solo hecho de incluirlo abre la necesidad de la reflexión madura en torno a uno de los temas menos querido por la sociedad homosexual, el de la relación entre ser gay y asumir la soledad que esto entraña.

Si bien al final de todo el mensaje es que la vida vale la pena vivirla a concho y que la vejez no es un estorbo, lo verdaderamente impactante es que Galaz y Ugalde hayan introducido dos temas importantes en medio de este paquete de sensaciones: el tema del suicidio y el de la homofobia, necesarios de revisar, de discutir y de plantear en la sociedad hedonista que vivimos.

Por eso no quería dejar de comentar este hecho: creo sinceramente que aunque ‘El Regalo’ tenga deficiencias en el aspecto cinematográfico en estricto rigor y que puede ser algo complaciente en su mirada respecto de la tercera edad, el solo hecho de que exista este gay viejo camuflado entre los ancianos que disfrutan su estada en las Termas de Chillán merece ser reconocida. Porque los homosexuales también envejecen, se enfrentan a la misma soledad y abandono que los heteros con la gran –y penosa diferencia- que deben seguir estando en el clóset porque la sociedad sigue siendo homofóbica a pesar de los discursos.


Fuente: Gay Magazine


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