
Hace mucho, mucho, pero mucho tiempo, unos tipos históricos decidieron poner nombre a las cosas. A una cosa la llamaron "mesa", a otra la llamaron "silla", a otra doubleheaded dildo… y así con todo. Hasta comenzaron a ponerle nombre a elementos que no podían verse (que sí, de verdad, que hay cosas que existen que no sirven ni para comer, ni para follar) como, por ejemplo, los sentimientos, las emociones y otros conceptos abstractos que viven en el mundo de las ideas.
Pues bien, resulta que un buen día un antepasado, probablemente mío, un tal “Soy” y de apellidos “Totalmentemema” y “Yenmicasanolosaben”, inventó una palabra la mar de bonica: coherencia. Pero, querida lector, ¿qué es la coherencia realmente? Porque mucha gente afirma ser taco de coherente, pero pocos tienen la menor idea de qué significa exactamente ese palabro superchuli que suena tan bien y que nos hace parecer maduros aunque nuestra edad mental no llegue a los doce años. Como soy muy buena gente, os voy a explicar lo que significa de buena fe, por aquello de hacer un mundo mejor, sin políticos, sin cantantes petardas que van de divas del pop y llenito de gente coherente que mire por los demás. Si buscamos la palabra coherencia en el diccionario de los señores epidémicos de la Lengua encontraremos…
coherencia.(Del latín, tía, mazo fuerte, taco de antigua)
1. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras. No, lo que tú haces con ese chico los sábados por la noche no es coherencia, tiene otro nombre; no confundamos.
2. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Y ponen como frase de ejemplo “Lo hago por coherencia con mis principios”. Evidentemente, el iluso académico que escribió esto todavía pensaba que las personas tenían principios e, incluso, que podían ser coherentes con ellos.
Decimos que una persona es coherente, por ejemplo, cuando afirma ser vegetariana y en su día a día no come animales o parte de ellos. Si, por algún casual, ves a un vegetariano hincándole el diente a una chuleta de ternera, ya te digo yo a ti que coherente, lo que se dice coherente, no está siendo. Por otro lado, no hay que confundirse. Sin ir más lejos, acabo de leer que un tipo de Perú dice que beber agua del grifo aumenta la homosexualidad. Este señor, seguramente, no es incoherente, sino simple y llanamente gilipollas. Parece lo mismo pero no es igual.
Pues bien, el donde dije "digo" digo "Diego" es una fórmula contra la coherencia muy utilizada en estos tiempos por humanoides tocapelotas que pretenden hacer lo que les dé la gana y confundir a seres que utilizan el cerebro habitualmente y no de tarde en tarde. Se basa, simplemente, en la negación de lo que se ha dicho con anterioridad o en la completa incoherencia en cuanto a los principios esgrimidos. Parece muy simple, pero en su simpleza radica su peligrosidad. Se utiliza mucho en las relaciones humanas para hacer luz de gas, para manipular a la gente y volverla loca; es decir, se trata de una importante técnica de confusión mental que hipnotiza a los receptores (ergo a los pobres que tienen que aguantar a los incoherentes), dejándoles con la boca más abierta que una muñeca hinchable tras una despedida de soltero y sin saber muy bien qué coño decir. Veamos esto ejemplificado en alguna situación de lo más costumbrista, de ésas que nos pasan a todos:
Memo incoherente que pone voz de teléfono erótico mientras habla contigo y que te arrima la cebolleta con tanta fruición y violencia que podrías quedarte encinta: —Me alegro tanto de hablar contigo... Estoy encantado de estar aquí, acariciándote el muslo. Pero qué fuerte estás... Mmmm... Podría pasarme la noche entera tocándome pensando en ti. Eres TAN guapo...
Persona normal que lo único que pretende es relacionarse con otros maricones de la especie tranquilamente y que para ello saca conclusiones lógicas poco enrevesadas del tipo "2+2 tienen que ser 4 por cojones": —O sea, que te gusto. ¿Dónde vamos entonces, a la casa de tus padres o a la de los míos? (Casa propia es demasiado pedir. Si acaso coche o caja de cartón junto al bidón de la basura).
Memo incoherente que pretende volverte majara y recurre a la táctica donde dije "digo", digo "Diego”: —¡Pero qué dices, por Dior! ¡Serás asqueroso! ¿Pero qué te has creído? Siento si te he dado falsas esperanzas. En ningún momento he insinuado siquiera que me apetezca tocarte con un palo.
Persona planchada a la cual se le ha quedado cara de palurdo absoluto, de ser rubia y no entender nada: —Pero, pero, pero, pero... ¿Mande? ¿? Me lo expliquen.
Efectivamente: hay que tener tan poca, tan poquísima vergüenza para negar abiertamente lo que uno ha afirmado hace tres segundos con esa despampanante seguridad que tú, como individuo racional dudas de ti mismo y piensas: Pues seré yo, que lo he interpretado mal. O que se me ha averiado el tímpano y ahora escucho con el culo. Porque no puede ser que se estén quedando conmigo de forma tan descarada. Es que no es normal que te la estén pegando con esa frescura, insultando tantísimo y tan súbitamente a tu inteligencia. Sin embargo, querido, así es. El tipo lo hace y se queda tan tranquilo (no te vayas a pensar que luego tiene remordimientos ni nada. Qué va).
¿Qué hemos aprendido hoy?: cuando te encuentres con uno de estos sujetos que juegue al donde dije "digo", digo "Diego” (en vez de jugar al Teto, que es mucho más sencillo), tira millas más rápido que el Correcaminos. No obstante, si quieres quedarte a discutir un poco porque eres de esas personas memas de manual que todavía piensan que la gente debería tener conciencia y tener en cuenta en los sentimientos de los demás, siempre puedes responderles a esas personas que para montarse películas surrealistas ya está Woody Allen; que si no están seguros de su condición sexual, de querer tener pareja, de querer vaciar su escroto o de quiénes son, dónde van y similares, que no vayan buscando guerra por ahí; que a ellos también les llegará su hora puesto que a todo cerdo le llega su sanmartín; y que, por supuesto, tener quince años está muy bien cuando se tienen quince años, pero cuando se roza la treintena es, sencillamente, patético.
Porque si ellos inventaron el donde dije "digo" digo "Diego”, nosotros hemos inventado el “mira, chaval, que la vida es muy corta y mi tiempo muy valioso para malgastarlo con gilipollas de carrera como tú”.
Y líbranos del mal, amén.
Fuente: Universo Gay
Pues bien, resulta que un buen día un antepasado, probablemente mío, un tal “Soy” y de apellidos “Totalmentemema” y “Yenmicasanolosaben”, inventó una palabra la mar de bonica: coherencia. Pero, querida lector, ¿qué es la coherencia realmente? Porque mucha gente afirma ser taco de coherente, pero pocos tienen la menor idea de qué significa exactamente ese palabro superchuli que suena tan bien y que nos hace parecer maduros aunque nuestra edad mental no llegue a los doce años. Como soy muy buena gente, os voy a explicar lo que significa de buena fe, por aquello de hacer un mundo mejor, sin políticos, sin cantantes petardas que van de divas del pop y llenito de gente coherente que mire por los demás. Si buscamos la palabra coherencia en el diccionario de los señores epidémicos de la Lengua encontraremos…
coherencia.(Del latín, tía, mazo fuerte, taco de antigua)
1. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras. No, lo que tú haces con ese chico los sábados por la noche no es coherencia, tiene otro nombre; no confundamos.
2. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Y ponen como frase de ejemplo “Lo hago por coherencia con mis principios”. Evidentemente, el iluso académico que escribió esto todavía pensaba que las personas tenían principios e, incluso, que podían ser coherentes con ellos.
Decimos que una persona es coherente, por ejemplo, cuando afirma ser vegetariana y en su día a día no come animales o parte de ellos. Si, por algún casual, ves a un vegetariano hincándole el diente a una chuleta de ternera, ya te digo yo a ti que coherente, lo que se dice coherente, no está siendo. Por otro lado, no hay que confundirse. Sin ir más lejos, acabo de leer que un tipo de Perú dice que beber agua del grifo aumenta la homosexualidad. Este señor, seguramente, no es incoherente, sino simple y llanamente gilipollas. Parece lo mismo pero no es igual.
Pues bien, el donde dije "digo" digo "Diego" es una fórmula contra la coherencia muy utilizada en estos tiempos por humanoides tocapelotas que pretenden hacer lo que les dé la gana y confundir a seres que utilizan el cerebro habitualmente y no de tarde en tarde. Se basa, simplemente, en la negación de lo que se ha dicho con anterioridad o en la completa incoherencia en cuanto a los principios esgrimidos. Parece muy simple, pero en su simpleza radica su peligrosidad. Se utiliza mucho en las relaciones humanas para hacer luz de gas, para manipular a la gente y volverla loca; es decir, se trata de una importante técnica de confusión mental que hipnotiza a los receptores (ergo a los pobres que tienen que aguantar a los incoherentes), dejándoles con la boca más abierta que una muñeca hinchable tras una despedida de soltero y sin saber muy bien qué coño decir. Veamos esto ejemplificado en alguna situación de lo más costumbrista, de ésas que nos pasan a todos:
Memo incoherente que pone voz de teléfono erótico mientras habla contigo y que te arrima la cebolleta con tanta fruición y violencia que podrías quedarte encinta: —Me alegro tanto de hablar contigo... Estoy encantado de estar aquí, acariciándote el muslo. Pero qué fuerte estás... Mmmm... Podría pasarme la noche entera tocándome pensando en ti. Eres TAN guapo...
Persona normal que lo único que pretende es relacionarse con otros maricones de la especie tranquilamente y que para ello saca conclusiones lógicas poco enrevesadas del tipo "2+2 tienen que ser 4 por cojones": —O sea, que te gusto. ¿Dónde vamos entonces, a la casa de tus padres o a la de los míos? (Casa propia es demasiado pedir. Si acaso coche o caja de cartón junto al bidón de la basura).
Memo incoherente que pretende volverte majara y recurre a la táctica donde dije "digo", digo "Diego”: —¡Pero qué dices, por Dior! ¡Serás asqueroso! ¿Pero qué te has creído? Siento si te he dado falsas esperanzas. En ningún momento he insinuado siquiera que me apetezca tocarte con un palo.
Persona planchada a la cual se le ha quedado cara de palurdo absoluto, de ser rubia y no entender nada: —Pero, pero, pero, pero... ¿Mande? ¿? Me lo expliquen.
Efectivamente: hay que tener tan poca, tan poquísima vergüenza para negar abiertamente lo que uno ha afirmado hace tres segundos con esa despampanante seguridad que tú, como individuo racional dudas de ti mismo y piensas: Pues seré yo, que lo he interpretado mal. O que se me ha averiado el tímpano y ahora escucho con el culo. Porque no puede ser que se estén quedando conmigo de forma tan descarada. Es que no es normal que te la estén pegando con esa frescura, insultando tantísimo y tan súbitamente a tu inteligencia. Sin embargo, querido, así es. El tipo lo hace y se queda tan tranquilo (no te vayas a pensar que luego tiene remordimientos ni nada. Qué va).
¿Qué hemos aprendido hoy?: cuando te encuentres con uno de estos sujetos que juegue al donde dije "digo", digo "Diego” (en vez de jugar al Teto, que es mucho más sencillo), tira millas más rápido que el Correcaminos. No obstante, si quieres quedarte a discutir un poco porque eres de esas personas memas de manual que todavía piensan que la gente debería tener conciencia y tener en cuenta en los sentimientos de los demás, siempre puedes responderles a esas personas que para montarse películas surrealistas ya está Woody Allen; que si no están seguros de su condición sexual, de querer tener pareja, de querer vaciar su escroto o de quiénes son, dónde van y similares, que no vayan buscando guerra por ahí; que a ellos también les llegará su hora puesto que a todo cerdo le llega su sanmartín; y que, por supuesto, tener quince años está muy bien cuando se tienen quince años, pero cuando se roza la treintena es, sencillamente, patético.
Porque si ellos inventaron el donde dije "digo" digo "Diego”, nosotros hemos inventado el “mira, chaval, que la vida es muy corta y mi tiempo muy valioso para malgastarlo con gilipollas de carrera como tú”.
Y líbranos del mal, amén.
Fuente: Universo Gay















