
Que la gente es un poco mema es algo que a estas alturas ya todos deberíamos tener muy claro. No hace falta más que darse un garbeo o escuchar a los políticos rebuznar para darse cuenta de que el ser humano es capaz de expresar un número de paridas ingente. Una de esas paridas, sin ir más lejos, la estaban diciendo la otra mañana dos señoras que mantenían una conversación de lo más animada a las siete de la mañana. Qué mejor hora para criticar, tía, con las ideas bien fresquitas.
—Pues mira, nena, resulta que el hijo de la Loli, la del tercero, se ha hecho mariconsón. Sí, sí, mariconsón, como te lo cuento, de los que comen carne en barra.
—¡No me digas, Mari Puri. No me lo puedo ni endecreer. Pero si el niño tenía novia de hace muchos años y no iba soltando aceite ni cantando por la Jurado ni la Pantoja ni nada… Y ahora va y se hace marica. Yo no entiendo nada.
—Pa’ que veas. Eso es porque está de moda, niña, te lo digo yo. Además, les dan trabajos en la tele y con el paro que hay...
Como puede observarse, lo de hacerse marica es algo muy traído y muy llevado. Porque esas señoras lo tenían clarísimo: el gay no nace, sino que se hace. Resulta que llega una edad en la que tú, con los pelillos del bigote negros (y de otras partes menos nobles también) te miras al espejo y te preguntas: ¿A ver, qué es más guay: comer rabos o comer totos? Y así ya pues decides qué quieres hacer. No, el gusto, las pulsiones sexuales, la atracción y todas esas pamplinas de nada no tienen nada que ver. Por lo visto.
Por ello, desde que tiene lugar ese mágico momento en el que sales del armario y le expresas a tus seres queridos que eres más maricón que un palomo cojo, que te van los tíos, que cuando ves a una pareja en la tele te fijas en el hombre y ese larguísimo etcétera tienes que aguantar que de vez en cuando, venga alguien a preguntarte las supuestas razones que te han llevado a hacerte marica. O sea, tú dices “soy gay” y ellos te responden o se preguntan en su fuero interno: "¿Y eso por qué? ¿Por qué eres gay?". Es el llamado síndrome de “razones por las que mi hijo/amigo/nieto/vecino/sobrino/novio/muñecohinchable/botedenatamontada es gay” y da lugar a múltiples respuestas:
-Porque te va mal con las mujeres. Hombre, claro. Te va como el culo (je) y entonces has decidido probar con los hombres. Claro que sí. Fíjate si te iba mal con las mujeres que en realidad nunca te han interesado lo más mínimo y que en octavo de EGB, cuando Pepita meneaba sus domingas jugando al balón prisionero delante de tu cara al tiempo que tus amigos babeaban y dejaban el suelo perdido, te producía la misma excitación que Aramis Fuster comiéndose un helado de leche merengada y lamiéndose el sobaco después. Es porque te va mal con las tías, es verdad, por eso te ha dado por hacerte palomo cojo. Aunque a lo mejor te iba tan mal porque cuando estabas con ellas en la cama en lugar de empalmarte sentías ganas de peinarlas.
-Porque ser gay está de moda. Pues sí, así es. Es que, mira, como todos mis amigos de la parroquia se han hecho maricones, pos yo he decidido que también, oyes, que no quiero ser menos y me apetece que me integren en sus conversaciones acerca de dildos de dos cabezas y de divas del pop que intentan imitar a Madonna. Es moda, es tendencia. Con la minifalda pasó lo mismo. Igual.
-Porque si eres gay tienes buen gusto para todo y eres taco de mono. Está demostrado. Los gays no podemos vestir mal, usamos cremas reafirmantes hasta en el escroto, tenemos un gusto exquisito para decorar las paredes del salón, nos encanta ir de tiendas con nuestras amigas y, además, somos más guapos (esto en mi caso es verdad verdadera). De modo que esta mañana me he levantado, me he mirado al espejo, he sentido como mi autoestima se me caía a los pies y he decidido hacerme marica. De hecho, en cuanto le he mirado el paquete al vecino del quinto el resultado ha sido similar al que hubiera tenido lugar si me hubieran cogido en un programa de cambio de imagen de la MTV. Estoy dispuesto a hacerme una ampliación de ojete con tal de aprender a combinar colores. Sí.
-Porque no te han operado de fimosis. Esta historia es verídica. Un amigo me contó que cuando le comentó a sus padres que era gay (así de pasada, como mero trámite informativo: mamá, papá, me cepillo a hombres de pelo en pecho) la madre miró al marido toda indignada y le dijo solemnemente:
—¿Ves, Antonio? Esto es culpa tuya. Ya te dije que le teníamos que haber operado de fimosis cuando era pequeño. Si lo hubiéramos hecho no estaría pasando esto.
En estos momentos me encuentro estudiando la supuesta relación entre el pellejo del prepucio (o, dicho de otro modo, la punta del pene) y la orientación sexual. Debe ser que cuando no te quitas el frenillo se desarrolla en el cuerpo el llamado “virus sarasa”, la nueva arma bacteriológica inventada por los marcianos para extinguir la especie humana. Heteros del mundo: miraros las partes bajas, porque si tenéis frenillo tarde o temprano os pasaréis al lado oscuro.
-Porque los gays follan más. Esto lo sabe todo el mundo. Si eres de la acera de enfrente en cuanto pones un pie en la calle tu día se transforma en una película porno. A mí me pasa a todas horas y por eso me hice marica, porque es mucho más fácil ligar y follar. Además, todo el mundo sabe que los heterosexuales ni ligan, ni follan, ni se masturban, ni se rozan con otros seres de la especie, ni se corren, ni nada de nada.
-Porque te sientes mujer. Esto es muy común, tía, no sabes la de gente que hay por el mundo que confunde homosexualidad con transexualidad y que mantiene la firme creencia de que en las parejas tiene que haber un hombre y una mujer a la fuerza. Así que si a ti te gustan los hombres es porque te sientes mujer. Y si te gustan las mujeres es porque te sientes hombre. Y si te gustaría comerte un pastel de chocolate es porque te sientes gorda. Y si quieres irte a la calle a pegar voces es porque te sientes loca. Y si te pones una compresa es porque te sientes fina y segura. Y si te viene la regla te sientes choss. Y si te apetece protagonizar un bukake es porque te sientes puta. Así es la vida, chica, sota, caballo y rey, pa’ qué vamos a contemplar otros matices.
-Porque de pequeño te caíste de la cuna y entonces eso ha repercutido en tu orientación sexual porque te golpeaste en esa zona del cerebro en la que hay un cartel que reza “Peligro, no dar fuertemente si no quiere que su hijo salga maricón perdido”. Se aconseja no dejarse llevar y creerse esta opción, que veo a más de uno pegándole collejas a sus amigos y conocidos esperando que de repente salgan del armario.
-Porque buscas una figura paterna, ya que no tienes padre o este era un señor distante, sentado en un sofá, indolente e insensible a su entorno, que miraba la tele fijamente, que firmaba las notas sin mirarlas y que sólo te ha hecho caso durante tu infancia para mandarte a comprar tabaco. Si esto fuera verdad, ya te digo yo que en nuestra generación habría de todo menos heteros. Vamos. Estaríamos todos como locos buscando figuras paternas hasta en las cajas de cereales.
En fin, chicas, que como veis lo de hacerse marica trae muchos problemas. En vista de cómo está el patio y ya que uno puede elegir lo que le dé la gana, yo casi que me voy a hacer hetero otra vez, rubio, famoso, multimillonario, de extrema derecha y unineuronal. Y que todo esto sea un sueño de Antonio Resines. Ya veréis qué bien.
Fuente: Universo Gay
—Pues mira, nena, resulta que el hijo de la Loli, la del tercero, se ha hecho mariconsón. Sí, sí, mariconsón, como te lo cuento, de los que comen carne en barra.
—¡No me digas, Mari Puri. No me lo puedo ni endecreer. Pero si el niño tenía novia de hace muchos años y no iba soltando aceite ni cantando por la Jurado ni la Pantoja ni nada… Y ahora va y se hace marica. Yo no entiendo nada.
—Pa’ que veas. Eso es porque está de moda, niña, te lo digo yo. Además, les dan trabajos en la tele y con el paro que hay...
Como puede observarse, lo de hacerse marica es algo muy traído y muy llevado. Porque esas señoras lo tenían clarísimo: el gay no nace, sino que se hace. Resulta que llega una edad en la que tú, con los pelillos del bigote negros (y de otras partes menos nobles también) te miras al espejo y te preguntas: ¿A ver, qué es más guay: comer rabos o comer totos? Y así ya pues decides qué quieres hacer. No, el gusto, las pulsiones sexuales, la atracción y todas esas pamplinas de nada no tienen nada que ver. Por lo visto.
Por ello, desde que tiene lugar ese mágico momento en el que sales del armario y le expresas a tus seres queridos que eres más maricón que un palomo cojo, que te van los tíos, que cuando ves a una pareja en la tele te fijas en el hombre y ese larguísimo etcétera tienes que aguantar que de vez en cuando, venga alguien a preguntarte las supuestas razones que te han llevado a hacerte marica. O sea, tú dices “soy gay” y ellos te responden o se preguntan en su fuero interno: "¿Y eso por qué? ¿Por qué eres gay?". Es el llamado síndrome de “razones por las que mi hijo/amigo/nieto/vecino/sobrino/novio/muñecohinchable/botedenatamontada es gay” y da lugar a múltiples respuestas:
-Porque te va mal con las mujeres. Hombre, claro. Te va como el culo (je) y entonces has decidido probar con los hombres. Claro que sí. Fíjate si te iba mal con las mujeres que en realidad nunca te han interesado lo más mínimo y que en octavo de EGB, cuando Pepita meneaba sus domingas jugando al balón prisionero delante de tu cara al tiempo que tus amigos babeaban y dejaban el suelo perdido, te producía la misma excitación que Aramis Fuster comiéndose un helado de leche merengada y lamiéndose el sobaco después. Es porque te va mal con las tías, es verdad, por eso te ha dado por hacerte palomo cojo. Aunque a lo mejor te iba tan mal porque cuando estabas con ellas en la cama en lugar de empalmarte sentías ganas de peinarlas.
-Porque ser gay está de moda. Pues sí, así es. Es que, mira, como todos mis amigos de la parroquia se han hecho maricones, pos yo he decidido que también, oyes, que no quiero ser menos y me apetece que me integren en sus conversaciones acerca de dildos de dos cabezas y de divas del pop que intentan imitar a Madonna. Es moda, es tendencia. Con la minifalda pasó lo mismo. Igual.
-Porque si eres gay tienes buen gusto para todo y eres taco de mono. Está demostrado. Los gays no podemos vestir mal, usamos cremas reafirmantes hasta en el escroto, tenemos un gusto exquisito para decorar las paredes del salón, nos encanta ir de tiendas con nuestras amigas y, además, somos más guapos (esto en mi caso es verdad verdadera). De modo que esta mañana me he levantado, me he mirado al espejo, he sentido como mi autoestima se me caía a los pies y he decidido hacerme marica. De hecho, en cuanto le he mirado el paquete al vecino del quinto el resultado ha sido similar al que hubiera tenido lugar si me hubieran cogido en un programa de cambio de imagen de la MTV. Estoy dispuesto a hacerme una ampliación de ojete con tal de aprender a combinar colores. Sí.
-Porque no te han operado de fimosis. Esta historia es verídica. Un amigo me contó que cuando le comentó a sus padres que era gay (así de pasada, como mero trámite informativo: mamá, papá, me cepillo a hombres de pelo en pecho) la madre miró al marido toda indignada y le dijo solemnemente:
—¿Ves, Antonio? Esto es culpa tuya. Ya te dije que le teníamos que haber operado de fimosis cuando era pequeño. Si lo hubiéramos hecho no estaría pasando esto.
En estos momentos me encuentro estudiando la supuesta relación entre el pellejo del prepucio (o, dicho de otro modo, la punta del pene) y la orientación sexual. Debe ser que cuando no te quitas el frenillo se desarrolla en el cuerpo el llamado “virus sarasa”, la nueva arma bacteriológica inventada por los marcianos para extinguir la especie humana. Heteros del mundo: miraros las partes bajas, porque si tenéis frenillo tarde o temprano os pasaréis al lado oscuro.
-Porque los gays follan más. Esto lo sabe todo el mundo. Si eres de la acera de enfrente en cuanto pones un pie en la calle tu día se transforma en una película porno. A mí me pasa a todas horas y por eso me hice marica, porque es mucho más fácil ligar y follar. Además, todo el mundo sabe que los heterosexuales ni ligan, ni follan, ni se masturban, ni se rozan con otros seres de la especie, ni se corren, ni nada de nada.
-Porque te sientes mujer. Esto es muy común, tía, no sabes la de gente que hay por el mundo que confunde homosexualidad con transexualidad y que mantiene la firme creencia de que en las parejas tiene que haber un hombre y una mujer a la fuerza. Así que si a ti te gustan los hombres es porque te sientes mujer. Y si te gustan las mujeres es porque te sientes hombre. Y si te gustaría comerte un pastel de chocolate es porque te sientes gorda. Y si quieres irte a la calle a pegar voces es porque te sientes loca. Y si te pones una compresa es porque te sientes fina y segura. Y si te viene la regla te sientes choss. Y si te apetece protagonizar un bukake es porque te sientes puta. Así es la vida, chica, sota, caballo y rey, pa’ qué vamos a contemplar otros matices.
-Porque de pequeño te caíste de la cuna y entonces eso ha repercutido en tu orientación sexual porque te golpeaste en esa zona del cerebro en la que hay un cartel que reza “Peligro, no dar fuertemente si no quiere que su hijo salga maricón perdido”. Se aconseja no dejarse llevar y creerse esta opción, que veo a más de uno pegándole collejas a sus amigos y conocidos esperando que de repente salgan del armario.
-Porque buscas una figura paterna, ya que no tienes padre o este era un señor distante, sentado en un sofá, indolente e insensible a su entorno, que miraba la tele fijamente, que firmaba las notas sin mirarlas y que sólo te ha hecho caso durante tu infancia para mandarte a comprar tabaco. Si esto fuera verdad, ya te digo yo que en nuestra generación habría de todo menos heteros. Vamos. Estaríamos todos como locos buscando figuras paternas hasta en las cajas de cereales.
En fin, chicas, que como veis lo de hacerse marica trae muchos problemas. En vista de cómo está el patio y ya que uno puede elegir lo que le dé la gana, yo casi que me voy a hacer hetero otra vez, rubio, famoso, multimillonario, de extrema derecha y unineuronal. Y que todo esto sea un sueño de Antonio Resines. Ya veréis qué bien.
Fuente: Universo Gay















